En Islandia, científicos lanzan frailecillos jóvenes desde acantilados para que encuentren el mar y eviten morir desorientados, una tradición que ha salvado a cientos de aves tras la muerte de más de mil en Galicia, Cantabria y Asturias por temporales. Los residentes recogen los pichones en cajas y los sueltan desde los precipicios, ayudando a que vuelvan a su hábitat marino y evitando la extinción de esta especie vulnerable... leer más.