
el oficio olvidado de los consumeros en la posguerra española
La posguerra española fue un periodo de escasez y racionamiento donde la gente tenía que esperar en largas filas para conseguir comida. El gobierno controlaba cada alimento que entraba en las ciudades.
Para hacer eso, construyeron los llamados fielatos, pequeños edificios en las entradas de los pueblos. Allí se cobraban los arbitrios, impuestos que se pagaban cuando la gente traía productos como harina, aceite o carne.
En 1880, la estación de Delicias en Madrid tenía un fielato de 13 metros de largo. Tenía una oficina, un despacho para el público, un pequeño almacén y un cuerpo de guardia que vigilaba todo.
Los trabajadores de los fielatos se llamaban consumeros. Su trabajo era revisar cada carro, equipaje o mercancía que entraba y asegurarse de que se pagara el impuesto. Cuando la gente no lo hacía, los consumeros podían decomisar la mercancía y multarlos.
En la posguerra, cuando la gente ya tenía que comer de raciones, los consumeros se convirtieron en enemigos. Muchas familias intentaban llevar comida del campo en secreto, y los consumeros los detenían. Esto provocó peleas, multas y, en algunos casos, acusaciones de sobornos.
Con el paso de los años, el racionamiento terminó en 1952 y la economía empezó a cambiar. Los fielatos perdieron importancia y, en los años 60, desaparecieron casi por completo. Así también se acabó el oficio de los consumeros.
¿qué hacían los consumeros y por qué los odiaban?
Los consumeros eran los guardias que revisaban cada carro que entraba en la ciudad. Su misión era cobrar los arbitrios y evitar el contrabando. Cuando la gente no pagaba, los podían decomisar y multar.
el secreto de los fielatos: la puerta de la escasez
Los fielatos eran como portones de control. En 1880, el de la estación de Delicias medía 13 metros y tenía un almacén para la mercancía confiscada. Los impuestos de consumos podían representar hasta el 70 % de los ingresos de un municipio.
cómo terminó el control de la comida en España
El racionamiento oficial terminó en 1952, y poco después la economía se liberalizó. Los fielatos se volvieron obsoletos y, en la década de 1960, la mayoría de ellos desaparecieron, dejando a los consumeros sin trabajo.
