guardagujas madrid posguerra oficio desaparecido

guardagujas madrid posguerra oficio desaparecido

  • IronFable
  • Abril 7, 2026
  • 3 minutos

tras la guerra civil, madrid se quedó sin casi nada y tuvieron que reconstruirlo todo. entre los raíles destrozados y los tranvías parados, surgió un oficio que hoy nadie recuerda: el guardagujas. eran los que manejaban a mano los desvíos para que los tranvías no se estrellaran. con farol, banderín y gorra, estaban en cada esquina donde la vía se partía. nadie les preguntaba su nombre, pero sin ellos no llegaba ni un solo tranvía.

su rutina era dura: revisar y engrasar las agujas de hierro para que respondieran a tiempo. en invierno, bajo la lluvia; en verano, con el sol quemando. vivían en casetas junto a las vías, muchas veces con toda la familia dentro. ganaban menos de veinticinco pesetas diarias en 1949, muy por debajo de los inspectores. pero lo hacían porque sabían que madrid dependía de ellos.

con la automatización de los ochenta y noventa, los desvíos empezaron a moverlos desde una sala con pantallas. los últimos guardagujas de tranvía desaparecieron en 1972; los de tren, a principios de los noventa. hoy quedan fotos de archivo y casetas vacías, testigos mudos de un oficio que se vio cada día y nadie supo nombrar.

el oficio que nadie quería

en la madrid de posguerra, los guardagujas eran los fantasmas de la ciudad. se plantaban al lado de la vía con un farol y un banderín, esperando el tranvía. nadie les miraba, pero sin ellos no giraba ni un solo raíl. su trabajo era físico y repetitivo: mover la aguja a mano para desviar el tren o el tranvía. en invierno, congelados; en verano, sudando la gota gorda. muchos vivían en casetas destartaladas junto a las vías, con la familia dentro. ganaban menos que un inspector, pero más que un barrendero. eran los últimos de la fila, pero los primeros en salvar la ciudad.

las herramientas de un desaparecido

las herramientas del guardagujas eran simples: una trompetilla para hablar con el conductor, un farol de señales para indicar y una marmita para mover el raíl. revisaban y engrasaban las agujas para que no se atascaran. en los tranvías, también manejaban el trole cuando la línea cambiaba de dirección. era un trabajo a la intemperie, sin techo ni protección. las compañías les daban una caseta junto a la vía, donde vivían con la familia. muchas de esas casetas hoy están abandonadas, pero alguna sigue ahí, recordando el oficio que se vio cada día y nadie nombró.

cuando el último guardagujas se fue

el declive fue lento. primero, los tranvías empezaron a retirarse en los años cincuenta. la última línea de madrid cerró en 1972, y con ella desaparecieron los guardagujas de tranvía. los de tren aguantaron más, hasta que los ochenta y noventa trajeron la automatización. los desvíos empezaron a moverse desde una sala con pantallas, sin necesidad de nadie sobre la vía. así, a principios de los noventa, el oficio desapareció de forma prácticamente total. lo que quedó fue la memoria de los que lo vivieron, alguna fotografía de archivo y las casetas vacías junto a las vías, testigos mudos de un tiempo que ya no volverá.