el brazo pene del pulpo no solo mete esperma: también huele el punto dulce

el brazo pene del pulpo no solo mete esperma: también huele el punto dulce

  • CrimsonEcho
  • Abril 4, 2026
  • 3 minutos

Los pulpos son bichos de ciencia ficción: tienen tres corazones, sangre azul y, ahora se sabe, un brazo pene que huele. El hectocotilo, el brazo especial de los machos, no solo mete el paquete de esperma: antes detecta con química exacta dónde tiene que dejarlo dentro de la hembra para que el amor surta efecto.

El descubrimiento llega tras ver a un par de pulpos californianos de dos manchas (Octopus bimaculoides) que, separados por una mampara con agujeros, empezaron a aparearse sin miramientos. El macho coló el hectocotilo por los agujeros, lo guio hasta el manto de la chica, encontró la oviducto y allí dejó los espermatóforos. Todo a oscuras, sin casi ver, una y otra vez durante varios días.

El truco está en un receptor llamado CRT1 que capta la progesterona, la hormona que desprende el oviducto. Este mismo receptor ayuda al pulpo a detectar bacterias de sus presas, así que el animal recicla la química para el sexo. Los genes que lo fabrican cambian muy rápido entre especies, lo que podría explicar por qué hay cientos de pulpos distintos en los océanos.

¿Cómo se hace el amor un pulpo sin verse?

El apareamiento es un juego peligroso: las hembras son más grandes y a veces devoran al macho después del polvo. Por eso el hectocotilo actúa como GPS químico. El equipo de Harvard colocó una barrera temporal entre macho y hembra para que se olfatearan sin agredirse. En cuanto el brazo atravesó los agujeros, el macho localizó la fuente de progesterona y se lanzó a la acción.

Los experimentos demostraron que incluso en total oscuridad el pulpo acierta el blanco. El olfato del brazo pene basta para diferenciar a la hembra de otro macho y guiarse hasta la entrada del tubo donde debe depositar los espermatóforos, unos paquetes que pueden permanecer allí semanas hasta que la hembra esté lista para fecundar.

El receptor CRT1: un superhéroe con doble vida

CRT1 no es solo un buscador de hormonas. El mismo receptor permite al pulpo detectar bacterias en sus presas, convirtiéndolo en una pieza clave para sobrevivir. El equipo encontró que la versión que se expresa en el hectocotilo ha sufrido cambios genéticos rápidos, mucho más que en otras partes del cuerpo.

Esa velocidad evolutiva sugiere que cuanto mejor huele un macho, más probabilidades tiene de reproducirse y dejar descendencia. Con el tiempo, pequeñas variaciones en CRT1 pueden haber separado a unos pulpos de otros, dando lugar a nuevas especies sin necesidad de grandes cambios físicos.

De aquí salieron los cientos de especies de pulpos

Los moluscos suelen fecundar en el mar abierto sin distinguir sexos, pero los cefalópodos como el pulpo optaron por el sexo seguro: macho y hembra bien diferenciados y traspaso directo de esperma. Para que esto funcione, el sistema de reconocimiento tiene que ser ultra-preciso y sincronizado.

La aparición de un órgano sensorial dedicado al amor, como el hectocotilo con CRT1, habría sido un punto de inflexión. Cada cambio rápido en el receptor podría impedir que dos grupos se entendieran, empujándolos por caminos evolutivos separados. De ahí la explosión de especies que hoy pueblan arrecifes, fondos rocosos y profundidades marinas.