las tortugas invasoras de florida ya roban el puesto a los galápagos de salamanca

las tortugas invasoras de florida ya roban el puesto a los galápagos de salamanca

  • CrimsonEcho
  • Abril 5, 2026
  • 3 minutos

En Salamanca hay una guerra silenciosa en los ríos: las tortugas de Florida y otras especies exóticas están desbancando a nuestros galápagos autóctonos. El problema creció cuando muchos chicos compraron esas mascotas y, al aburrirse o hacerse gigantes, las soltaron en el campo. Ahora las invasoras son más grandes, más chulas y les quitan el sitio a los galápagos leprosos y europeos, que ya están en peligro de extinción.

¿Cómo se colaron las tortugas invasoras en Salamanca?

La historia empieza en los 90: las tiendas llenaron sus acuarios con simpáticas tortugas de Florida del tamaño de una moneda. Pasados unos años, esos animalitos se convirtieron en verdaderos ladrones de bolsillo de 30 cm y los dueños las liberaron en ríos como el Tormes o en Las Arribes del Duero. Sin depredadores y con mucho sol, las tortugas foráneas se multiplicaron a velocidad récord.

Hoy no solo encontramos las de Florida; también pululan las pintadas, las de vientre rojo y hasta tortugas asiáticas. Todas comparten superpoderes: crecen rápido, comen de todo y aguantan aguas sucias. Mientras, nuestros galápagos locales apenas pueden competir.

Por qué las exóticas ganan la partida (y casi siempre)

Las tortugas invasoras tienen trucos de campeón. Su tamaño XL les permite ocupar las piedras más soleadas, el mejor espacio para calentarse y digerir. Si una tortuga foránea se apodera de esa placa, el galápago autóctono tiene que buscar otra o pasar frío. Además, su dieta es tipo buffet: comen plantas, renacuajos e incluso restos de pescado, así que dejan la despensa vacía para los demás.

Otra baza es su resistencia. Aguas turbias, temperaturas cambiantes o nutrientes en exceso les resbalan. A eso súmale que pueden reproducirse cada año, mientras los galápagos europeos necesitan más tiempo. El resultado: cada temporada llegan más invasoras y desaparecen autóctonas.

¿Qué hacemos si pescamos una tortuga foránea?

Si ves una tortuga con dibujos brillantes o el vientre rojo, no la lleves a casa. Lo correcto es avisar al 112, al Seprona o a un centro de recuperación. Los técnicos usan redes de captura selectiva: sueltan a los galápagos autóctonos y se quedan con las invasoras. Muchas terminan en centros de fauna, y cuando hay demasiadas se aplican eutanasias controladas.

Mientras tanto, los expertos piden más fondos para investigar y multar el comercio ilegal. La regla de oro es clara: si no puedes cuidar una mascota toda su vida, no la compres. Así evitamos que el río Tormes acabe siendo un club privado de tortugas foráneas.