
por qué los pescadores se enfrentan a la prohibición de la anguila
Los pescadores gallegos y asturianos están furiosos. El Ministerio para la Transición Ecológica quiere declarar la anguila europea como especie protegida y vetar su captura. Para los pescadores esta medida no arregla el problema real y deja sin trabajo a muchas familias.
La angula, el bebé de la anguila, llega a nuestras costas después de viajar miles de kilómetros desde el Atlántico. En Galicia y Asturias se pesca solo seis meses al año, con redes controladas y científicos revisando cada paso. Los pescadores aseguran que el auténtico enemigo son las presas, las turbinas de las hidroeléctricas y los ríos en mal estado.
La guerra de la anguila: pescadores contra ministerio
En pueblos como San Juan de la Arena o la ría de Vigo, la angula mueve la economía local. Si se prohíbe la pesca legal, advierten, el furtivismo se disparará y nadie vigilará los ríos. Además, desaparecerán empleos que ya funcionan con sueldos muy ajustados.
Los pescadores proponen limpiar los cauces, quitar barreras para que la anguila suba a reproducirse y multar a las empresas que matan peces con sus turbinas. Consideran que prohibir la pesca es la solución fácil que no ataca la causa real del desplome de la especie.
La anguila europea, en peligro crítico
Desde los años 70 la llegada de angulas a Europa ha caído en picado. La UICN la considera «en peligro crítico» y los científicos recomiendan capturas cero. El Ministerio defiende que España debe unirse a la protección internacional y que las vedas temporales no han servido.
La especie tiene una vida de película: nace en el mar, crece en ríos y, cuando se hace plateada, vuelve al océano para reproducirse y morir. Los machos miden unos 50 cm y las hembras pueden pasar del metro.
Cocineros y científicos, ¿del mismo lado?
La asociación Euro-Toques España ha lanzado la campaña «Angulas, no, gracias» y pide a los restaurantes retirarla de las cartas. Su argumento: si los chefs dejan de servirla, la presión sobre la especie bajará. Los pescadores responden que sin una gestión real de los ríos, el gesto sirve de poco.
Mientras tanto, el 17 de febrero el ministerio retoma la propuesta oficial. El choque ya no es solo técnico: es una batalla entre quienes creen que la prohibición salva la especie y quienes exigen arreglar los ríos antes de cerrar una actividad milenaria.
