El desastre de Japón con las mangostas que casi acaba con el conejo de Amami

El desastre de Japón con las mangostas que casi acaba con el conejo de Amami

  • NeoLynx
  • Abril 8, 2026
  • 3 minutos

En 1979 Japón se alegró: el conejo de Amami, un bicho que parecía desaparecido, seguía vivo en su isla. Para protegerlo decidieron echarle un cable… y metieron 30 mangostas con la idea de que se comieran a las serpientes venenosas que también vivían allí. Plan perfecto, ¿no? Pues fue un desastre total: las mangostas no tocaron casi serpientes, pero sí que se zamparon al conejo y a medio ecosistema. Tardaron 45 años en limpiar el lío.

La isla de Amami Ōshima, en Kagoshima, es un pedacito de paraíso con animales que no existen en ningún otro sitio. El conejo de Amami (parece un conejo, pero es más primitivo) sobrevivía gracias a que nadie lo molestaba. Cuando llegaron las mangostas, su población se desplomó.

¿Por qué metieron mangostas en una isla sin mangostas?

La serpiente habu es venenosa y los vecinos estaban hartos de vivir con miedo. Alguien pensó: «Si traemos a su depredador natural, problema resuelto». Las mangostas cazan serpientes en otros sitios, así que liberaron 30 ejemplares en 1979. Error garrafal: las mangostas son diurnas y las habu nocturnas; apenas se cruzaban. Además, había comida más fácil: conejitos, aves y reptiles endémicos.

En pocos años las mangostas se multiplicaron hasta 10.000. El conejo de Amami pasó de «redescubierto» a «en peligro crítico».

De héroes a plaga: el lado oscuro de la mangosta

Las mangostas no bajaron las cifras de mordidas de serpiente, pero arrasaron con la fauna local. Cazaban por deporte: si veían un nido, lo vaciaban; si olían un conejo, lo perseguían. Los propios científicos que habían gritado «¡viva!» al ver al conejo en 1979 ahora veían cómo sus crías desaparecían.

En 1993 Japón se dio cuenta del desaguisado y montó el Amami Mongoose Busters, un equipo de vecinos con ganas de cazar mangosta. Colocaron 30.000 trampas y cámaras de fototrampeo. Entre todos capturaron miles de ejemplares.

2024: la isla vuelve a ser de los autóctonos

La última mangosta fue atrapada en abril de 2018. Desde entonces, seis años sin ni una sola. En febrero de 2023 los expertos calcularon que la tasa de erradicación rondaba el 99 %. El 3 de septiembre de 2024 el Ministerio de Medio Ambiente japonés firmó el fin de la invasión: la mangosta se considera erradicada de Amami Ōshima.

La isla, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, recupera poco a poco sus antiguos habitantes. El conejo de Amami respira tranquilo… aunque seguirá bajo vigilancia para que nadie vuelva a traer «soluciones» tan peligrosas.