
hallan una isla desconocida en la antártida del tamaño de la casa blanca
Un grupo de científicos que huía de una tormenta en el mar de Weddell se encontró con algo que parecía un iceberg sucio. Al acercarse, se dieron cuenta de que era roca, no hielo: acababan de descubrir una isla que no aparecía en ningún mapa.
El nuevo territorio mide unos 6.200 m², casi igual que la Casa Blanca, y su posición estaba desplazada casi una milla náutica en las cartas de navegación, donde solo se marcaba una zona de “peligro” sin explicar qué había allí.
El geofísico Simon Dreutter revisó los datos de batimetría del barco Polarstern y pidió cambiar rumbo. A 150 m de distancia, el barco dio la vuelta al promontorio rocoso mientras su sonar dibujaba el fondo marino y un dron medía su costa. La isla, aún sin nombre, emerge 16 m sobre el nivel del mar, mide 130 m de largo y 50 m de ancho: apenas más grande que el propio rompehielos.
Cómo una isla se escondió hasta hoy
El Polarstern llevaba desde el 8 de febrero de 2026 estudiando el deshielo de la plataforma Larsen cuando una serie de tormentas obligó al equipo de 93 personas a refugiarse tras la isla Joinville, cerca de las llamadas Danger Islands. Fue entonces cuando el “iceberg sucio” se reveló como roca sólida.
Las cartas náuticas marcaban allí un área de riesgo, pero nadie sabía si eran bancos de arena, arrecifes o simples errores de medición. Gracias al sonar de alta resolución y al dron, la isla pasará de ser un punto borroso a un dato oficial en los mapas internacionales.
El cambio climático podría haberla destapado
Desde 2017, el hielo de verano en esta zona del mar de Weddell es cada vez menor. El equipo sospecha que el agua superficial más cálida habría derretido el manto de hielo que cubría la isla, dejando al descubierto la roca que antes era invisible.
Aunque aún no hay una conclusión definitiva, los científicos creen que el deshielo acelerado puede revelar más accidentes geográficos olvidados o nunca cartografiados.
El Polarstern ya había dibujado montañas bajo el mar
Este no es el primer hallazgo del barco alemán. En 2014, el mismo equipo descubrió dos montañas submarinas en el Atlántico Sur y en el propio mar de Weddell, ampliando el conocimiento del fondo oceánico.
Ahora, mientras la comunidad científica espera a que alguien bautice oficialmente la isla, los mapas del mundo tendrán que actualizarse para incluir este pequeño trozo de roca que, hasta hace unos días, ningún humano había pisado ni registrado.
