
Top Gear: sin guion ni red, bromas que se escapaban, el doble accidente de Hammond y el episodio de Alabama al borde del desastre
Durante sus años dorados, Top Gear no era el show perfectamente ensayado que muchos imaginaban. Lejos del guion rígido, Jeremy Clarkson, Richard Hammond y James May improvisaban bromas que a menudo se desmadraban, mientras la producción observaba sin poder frenar el caos. El resultado: momentos televisivos míticos, riesgos reales y algún episodio que estuvo a punto de acabar en tragedia.
[youtube=SCYCLp2IVvI]
Cuando el humor inglés se salía de madre
Las bromas entre los presentadores nacían en caliente: trucar el equipo de música de May para que sonara techno sin parar, pintar de rosa la moto de Hammond en Vietnam o sabotearse los coches en pleno viaje. Según el guionista Richard Porter, hasta mover una mesa en la sala de guionistas podía desencadenar una discusión absurda que terminaba en televisión. Ese humor improvisado funcionaba mejor que cualquier sketch planificado y se convirtió en el sello del programa.
Los accidentes que casi cuestan la vida a Hammond
El riesgo no era ficticio. En 2006, Richard Hammond perdió el control de un dragster a más de 460 km/h en la pista de Elvington. El impacto le dejó en coma dos semanas y con secuelas cerebrales que aún reconoce. Once años después, en Suiza, volvió a estrellarse con un Rimac Concept One eléctrico: el coche se incendió tras salirse de una carretera de montaña. Ambos episodios demostraron que el peligro formaba parte del ADN del formato.
Alabama: la broma que casi termina en linchamiento
El especial por el sur de EE.UU. debía ser una travesía inocente con coches baratos. Pero los mensajes provocadores escritos en los vehículos —“man-love rules” o “Hillary for President”— enfurecieron a los locales. La gasolinera donde pararon se llenó de hostilidad y el equipo tuvo que huir por su seguridad. Clarkson admitió años después que no estaba guionado y que temieron por sus vidas, demostrando que el caos real superaba cualquier guion.
