
científicos españoles descubren que los lagos de la antártida chatean con océanos bajo la tierra
Un equipo de científicos españoles se ha colado en la historia al demostrar que los lagos de agua dulce de la Antártida no están aislados: están conectados con el océano que corre bajo los hielos y hasta notan los vaivenes de la marea. El descubrimiento ha surgido tras analizar el subsuelo de la isla Decepción, un volcán en pleno corazón blanco del planeta.
Mediante mediciones de dos campañas seguidas (2024 y 2025) los investigadores han visto que el 41 % de la lluvia y el deshielo se cuela en el terreno volcánico, recargando un acuífero oculto que desemboca directamente en el mar. Es la primera vez que se dibuja completo el circuito de aguas subterráneas antárticas.
¿Cómo un lago «cerrado» se está comunicando con el mar?
La isla Decepción parece un crácter relleno de hielo y lagos, pero bajo sus pies hay una red de rocas volcánicas llena de agujeros. El agua de lluvia y la nieve que se derrite en verano se infiltra por esos conductos y viaja varios cientos de metros hasta toparse con el océano. Allí se produce un intercambio continuo: el lago sube y baja unos milímetros cada vez que entra o sale la marea, como si respirara al ritmo de la luna.
Los científicos han medido ese pulso minúsculo con sensores de presión y análisis isotópicos, algo nunca hecho antes en la Antártida. El resultado: un mapa que explica de dónde sale y a dónde va el agua en un lugar que parecía inmóvil.
El truco: dos acuíferos en vez de uno
El equipo descubrió que no hay un solo depósito, sino dos acuíferos superpuestos. El de arriba es estacional y vive dentro de la capa activa del permafrost; se llena en verano y se vacía en invierno. El de abajo es permanente, mucho más profundo, y se mueve por tubos volcánicos con tanta facilidad que el agua llega al mar en cuestión de días.
Esa doble red permite que los lagos se mantengan frescos y con vida a pesar de vivir en un desierto de hielo. Además, actúa como un termómetro natural: cualquier cambio en la cantidad de deshielo o en la temperatura del suelo se traduce en variaciones del nivel de los lagos que ya pueden predecirse.
Por qué este hallazgo cambia el juego frente al cambio climático
Saber cómo fluye el agua bajo el hielo es clave para anticipar qué pasará cuando el planeta siga calentándose. Si el permafrost se derrite más rápido, la red de acuíferos puede acelerarse y liberar grandes cantidades de agua dulce al océano, alterando la salinidad y afectando a corrientes que regulan el clima mundial.
El método creado en la isla Decepción —combinar sensores de presión, análisis isotópicos y modelos de infiltración— puede copiarse en otros puntos de la Antártida donde aún no se sabe ni dónde está el agua. De momento, estos científicos han abierto la primera ventana para entender los «ríos ocultos» del continente blanco.
