
el submarino ruso hundido en 1989 que aún suelta radiación al mar de noruega
Imagina que un submarino se hunde con su reactor nuclear y dos ojivas nucleares a bordo. Pues eso pasó en 1989 y, casi 40 años después, sigue soltando radiación en el mar de Noruega.
El protagonista es el K-278 Komsomolets, un submarino soviético de casco de titanio diseñado para grandes profundidades. Un incendio el 7 de abril de 1989 provocó su hundimiento; solo 27 de los 69 tripulantes sobrevivieron. Ahora descansa a casi 2 000 m de profundidad y, según un estudio reciente, sigue goteando material radioactivo.
Las mediciones muestran niveles de estroncio-90 y cesio-137 hasta 400 000 y 800 000 veces por encima de lo normal cerca del punto de fuga. El combustible nuclear se corroe y libera partículas, aunque la radiación se diluye a pocos metros y no se han detectado niveles peligrosos en el resto del mar.
¿por qué el Komsomolets sigue siendo un problema?
El submarino no solo se llevó al fondo restos metálicos: también un reactor nuclear y dos torpedos con cabezas nucleares. La corrosión interna del reactor provoca fugas intermitentes que liberan radiación al agua.
Aun así, el impacto se queda cerca del pecio. Los peces que nadan sobre el submarino presentan solo pequeños aumentos de cesio y no muestran daños visibles. Los programas de vigilancia noruegos no han encontrado niveles anómalos en el conjunto del mar de Noruega.
así descubrieron la radiación que nadie veía
Durante años se sospechaba la fuga, pero faltaban pruebas directas. En 2019 un robot noruego, el Ægir 6000, bajó 2 km hasta el fondo, tomó muestras y grabó vídeo.
Las imágenes mostraron emanaciones visibles saliendo del interior del submarino. No es una fuga constante, pero sí liberaciones repetidas que confirman el deterioro continuo del reactor.
¿se puede sacar el submarino del fondo del mar?
La idea de reflotar o desmantelar el Komsomolets se descarta por ahora. La operación sería extremadamente costosa y supondría un riesgo mayor para los operarios y el ecosistema marino.
Mientras tanto, los científicos piden seguir vigilando las fugas y estudiar cómo evolucionará la corrosión del reactor. La clave está en controlar las fugas y garantizar que la radiación no escale fuera del área del pecio.
