
Sam Altman y OpenAI: mentiras, secretos y una empresa que ya no confía en su jefe
Imagina que el jefe de la empresa más potente de inteligencia artificial puede que no sea tan fiable como parece. Eso es lo que pensaron los miembros del consejo de OpenAI cuando, en noviembre de 2023, fulminaron a Sam Altman del cargo de CEO. Solo cinco días después, una oleada de presión de empleados y medios lo devolvió al trono, pero el episodio dejó cicatrices: internamente lo llaman "the Blip", como si medio mundo desapareciera y volviera a aparecer.
Según una investigación que entrevistó a decenas de personas, el consejo destituyó a Altman porque no creía que fuera de fiar para controlar una posible superinteligencia artificial, un sistema futuro que podría superar al ser humano en todo. El motivo: un informe interno de setenta páginas que recogía lo que consideraban una costumbre suya de mentir, incluso sobre protocolos de seguridad.
La lista de mentiras que le preceden
Antes de OpenAI, Altman ya había dejado dudas. En su anterior start-up, Loopt, altos cargos pidieron su despido por falta de transparencia. En Y Combinator, donde fue jefe durante cinco años, la dirección le forzó a elegir entre la aceleradora y su nuevo proyecto. Aaron Swartz, compañero de promoción, le llegó a describir como un "sociópata".
En OpenAI le acusan de engañar a ejecutivos y a funcionarios. Contó a servicios de inteligencia que China tenía un megaproyecto de AGI y pidió fondos para contrarrestarlo, pero nunca mostró pruebas. También habría tergiversado el polémico contrato de 2019 con Microsoft, omitiendo cláusulas de seguridad. Un alto directivo de la propia Microsoft llegó a compararle con estafadores como Bernie Madoff.
ChatGPT en la recta de salida: ¿seguro o timo?
Bajo su mando, ChatGPT se ha colado en hospitales, colegios y hasta en el Pentágono. Vende la IA como si fuera agua bendita, pero varios empleados aseguran que Altman restó importancia a los controles de seguridad de GPT-4. Cuando el consejo pidió papeles que respaldaran la aprobación del modelo, no aparecieron. La versión siguiente, GPT-4o, ha provocado casos de dependencia extrema y, en usuarios vulnerables, incluso desenlaces fatales.
La empresa ha disuelto equipos clave como el de riesgo existencial de IA y el equipo de superalineación. El lema interno pasó de "procedamos con cuidado" a camisetas con la frase "feel the AGI".
¿Una salida a bolsa sobre el tablero de trampas?
Ahora Altman quiere llevar a OpenAI a bolsa en el cuarto trimestre y promete gastar 600.000 millones de dólares en cinco años, aunque se espera que pierda más de 200.000 millones antes de ganar un céntimo. La directora financiera, Sarah Friar, cree que la empresa no está preparada y duda que el negocio genere suficiente caja para soportar esa hoja de ruta.
Mientras inversores y empleados miran con lupa cada paso, la pregunta flota en el aire: si el líder de la IA que todos usamos ha jugado con la verdad tantas veces, ¿está la humanidad apuntando a un futuro brillante o a un nuevo blip sin retorno?
