
La resiliencia de los nacidos en los 60 y 70: una fortaleza nacida de la necesidad
Las personas que nacieron entre 1960 y 1970 desarrollaron una resiliencia notable debido a la forma en que fueron criadas. En aquella época, la educación estaba marcada por la disciplina y la dureza, y los niños crecían en entornos donde la exigencia era la norma.
Esta forma de entender la vida dejó huella en quienes crecieron en ese contexto, quienes desarrollaron una fortaleza mental difícil de encontrar en generaciones posteriores. Esta resiliencia no fue fruto de una educación planificada, sino de un contexto en el que la autonomía era prácticamente obligatoria.
Una infancia marcada por la autonomía
En los años 60 y 70, era habitual que los niños pasaran gran parte del día sin supervisión adulta, resolvieran conflictos por sí mismos o asumieran responsabilidades desde edades tempranas. Esto favoreció el desarrollo de habilidades clave como la capacidad para resolver problemas, la tolerancia a la frustración o la autorregulación emocional.
Los expertos explican que este proceso encaja con el concepto de 'inoculación al estrés', según el cual enfrentarse a dificultades moderadas fortalece la adaptación a largo plazo.
El contraste con la crianza actual
Hoy en día, los menores crecen en entornos más controlados, donde los adultos intervienen con rapidez para evitar el malestar. Aunque esta protección parte de una intención positiva, algunos especialistas advierten de sus posibles efectos, como la ausencia de desafíos reales que limitan el desarrollo de habilidades emocionales fundamentales.
Una fortaleza con sombras
A pesar de sus ventajas, esta resiliencia no está exenta de sombras. Muchas personas que crecieron en esa época presentan dificultades para expresar emociones o pedir ayuda. La idea de 'arreglárselas solo' se convirtió en una norma que, en algunos casos, derivó en una tendencia a reprimir sentimientos.
