el momento más peligroso de la sequía: ahora que los embalses están llenos

el momento más peligroso de la sequía: ahora que los embalses están llenos

  • CrimsonEcho
  • Abril 13, 2026
  • 3 minutos

España acaba de salir oficialmente de la sequía que arrastraba desde 2021. Los embalses están al 83,5%, el nivel más alto registrado en un mes de marzo en toda la historia. Por eso nadie habla ya de restricciones ni de cuidados. Pero precisamente ahora es cuando más peligro corre el sistema: si dejamos de llover el resto del año, la sequía puede volver con fuerza.

La paradoja es brutal: cuanta más agua parece sobrar, más vulnerable nos volvemos. Basta un solo año seco para que los embalses bajen a mínimos y regrese la emergencia. Además, cuando llueve, la demanda se dispara: se riega más, se conceden más permisos y se construyen más zonas verdes. Así, cuando llega la próxima sequía, el consumo ya está más alto y el margen para actuar, más pequeño.

La sequía anterior fue la peor en 200 años. Sus cicatrices siguen vivas y han tardado más de dos años en curarse. Aun así, corremos el riesgo de repetir la historia: en los periodos húmedos ampliamos regadíos y autorizamos usos que luego no podemos mantener. Si no cambiamos la forma de planificar, la abundancia actual será solo un espejismo.

Por qué la abundancia nos pone en jaque

Cuando los embalses se llenan, relajamos la vigilancia. Las administraciones levantan restricciones y todos creemos que el problema ha desaparecido. Pero este es el instante en el que la demanda crece: más hectáreas de regadío, más licencias de uso y más parques que necesitan riego. El resultado es un consumo desorbitado que estalla en cuanto vuelve a faltar agua.

La historia se repite desde la gran sequía de los 90. Cada vez que llovió, en lugar de conservar, ampliamos infraestructuras. Así, cuando llegó la siguiente sequía, el sistema estaba más saturado que antes y la crisis se aceleró.

La trampa de la eficiencia que aumenta el riesgo

Modernizar el riego reduce el agua necesaria por hectárea, pero tiene un efecto secundario peligroso: convierte tierras de secano en regadío. Al final, la eficiencia total sube, pero también la dependencia absoluta del agua. Cada mejora técnica termina generando más superficie regada y más presión sobre los acuíferos y humedales.

Este bucle ha llevado al país a una situación límite: tenemos un sistema más avanzado y, al mismo tiempo, más frágil que nunca.

Qué podemos hacer para no volver a pasarlo

El experto Jorge Rodríguez-Chueca propensa a dejar la gestión reactiva y pasar a la planificación anticipada. Se trata de fijar topes de consumo que no dependan de cuánto llueva, revisar concesiones antes de conceder nuevas y proteger los acuíferos como si fueran oro.

  • Establecer límites máximos de uso antes de que falte el agua.
  • No autorizar más regadíos mientras no se demuestre sostenibilidad.
  • Conservar humedales y mantener caudales ecológicos.

Solo así la abundancia actual servirá de colchón y no de trampa. Si no movemos ficha ahora, el siguiente episodio de sequía nos pillará con los grifos abiertos y los embalses medio vacíos en cuestión de meses.