
Hallazgo en Pompeya confirma ritual romano de quemar vino e incienso solo conocido por textos antiguos
Un estudio internacional ha identificado, por primera vez en el registro arqueológico, los restos quemados de vino e incienso dentro de un altar doméstico de Pompeya, confirmando una ceremonia descrita únicamente en fuentes clásicas. El hallazgo revela la compleja red comercial del Imperio y detalla el praefatio, una ofrenda preliminar para invitar a los dioses a bendecir los actos rituales.
Cómo el análisis químico desveló el ritual del vino en Pompeya
Las micro-partículas atrapadas en las cenizas de dos turíbulos descubiertos en Pompeya y Boscoreale han sido sometidas a espectrometría de masas y estudio de fitolitos. Los resultados mostraron ácidos succínico, fumárico, málico y tartárico en proporciones que apuntan claramente a un producto de la uva, muy probablemente vino vertido sobre brasas. La proporción málico/tartárico de 0.7 encaja con la firma química de uva madura fermentada, algo nunca verificado en contextos arqueológicos domésticos.
El equipo también detectó restos de resina de árbol de incienso cuyo origen genético apunta a regiones del sur de la India o África subsahariana, confirmando el largo alcance del comercio romano. Esta combinación de vino e incienso constituía la ofrenda más común para ganarse la benevolencia divina antes de sacrificios mayores, según los autores clásicos.
El praefatio: ofrenda clave de la religiosidad imperial
Los textos latinos describen el praefatio como el acto inaugural de los ritos estatales y funerarios: se derramaba vino sobre brasas ardientes y se esparcía incienso para que el humo perfumado subiera hasta Janus, Júpiter y los dioses tutelares. El descubrimiento en el santuario de una villa rustica de Boscoreale demuestra que esta costumbre no era exclusiva de los grandes templos, sino que se replicaba en los hogares, reforzando la idea de una religiosidad cotidiana y descentralizada.
El turíbulo estudiado, de terracota refractaria, lleva una figura femenina reclinada que los expertos interpretan como un ancestro difunto al que se rendía culto. La presencia de este tipo de iconografía en un objeto ritual subraya la estrecha relación entre culto doméstico y memoria funeraria en el mundo romano.
Retos de conservación y posibles contaminaciones
A pesar del entusiasmo científico, los investigadores advierten cautela: ambos artefactos fueron excavados hace décadas—uno en 1954 y otro en 1986—y carecen de muestras de sedimento control. Esto imposibilita descartar por completo la contaminación post-deposicional o alteraciones por procesos naturales de degradación. Además, la historia de custodia incluye almacenamiento en condiciones no siempre controladas, lo que podría haber modificado la composición química original.
El equipo propone futuros análisis comparativos con cenizas contemporáneas de contextos bien documentados y recomienda la toma sistemática de testigos de sedimento en nuevas excavaciones. Solo así se podrá confirmar sin margen de duda que los compuestos identificados proceden realmente del contenido ritual quemado y no de interacciones posteriores con el entorno volcánico y antrópico de Pompeya.
