
la fórmula 1 se despide de los híbridos y vuelve a los motores v8 turbo en 2031
la fórmula 1 quiere olvidarse de los motores híbridos. tras la caída de audiencia del gran premio de japón, la fia convocó un gabinete de crisis y ya suena el cambio: los futuros coches correrán con motores v8 turbo de 2.4 litros y combustible 100 % sintético. la idea es recuperar el rugido de antes y que las marcas puedan trasladar la tecnología a los coches de calle. el problema: la norma no llegará hasta 2031, cuando expiren los contratos actuales.
por qué los v8 turbo son el nuevo sueño de la f1
los organizadores ven el actual motor híbrido como un fracaso. la solución que barajan fia, liberty media y los equipos es volver a los v8, pero con dos condiciones: usar combustible 100 % sintético (algo que ya hacen) y montar un turbo para que las marcas puedan desarrollar tecnología útil en carretera.
marcas como cadillac y ford, que compiten en resistencia con motores similares, ven en este plan una oportunidad de marketing y de ingeniería. además, el ruido y la emoción de los v8 podrían devolver a las gradas a los aficionados que han desaparecido.
el calendario que lo atrasa todo: 2031
aunque la fuga de espectadores es real —en tres carreras la audiencia se ha partido por la mitad—, los contratos actuales obligan a esperar hasta 2031 para cambiar el reglamento técnico. las marcas no quieren renunciar a los millones invertidos en el motor híbrido actual y la fia debe decidir si protege los intereses de las fábricas o los de los fans.
mientras tanto, los equipos seguirán corriendo con motores híbridos que muchos consideran apagados y difíciles de explicar a un público joven que busca emoción instantánea.
combustible sintético: la clave verde del regreso
el truco para que el v8 no parezca un retroceso ecológico es el combustible sintético. se produce capturando co₂ de la atmósfera y puede ser neutro en emisiones. las marcas exigen que sea obligatorio al 100 % para que el nuevo motor cumpla con la imagen de sostenibilidad que la f1 quiere vender.
así, el futuro sonará como los años 2000, pero con la conciencia de 2030. la pregunta es si los aficionados aguantarán siete años más de espera.
