
Chile construye 195 km de tuberías para llevar agua del mar a una mina a 4.400 m de altura
Imagina llevar agua del mar hasta una montaña tan alta como 1.300 pisos. Pues eso es lo que ha hecho Chile: ha construido 195 km de tuberías gigantes para transportar agua desalada desde el océano hasta una mina que está a 4.400 metros de altitud. La obra ya está casi lista: el 99,5 % está terminado.
La compañía responsable, Doña Inés de Collahuasi, ha conseguido que el agua salada del Pacífico se transforme en agua dulce en una planta desaladora de Patache, capaz de procesar 1.050 litros por segundo. Después, esa agua viaja por tuberías que atraviesan desiertos y montañas con temperaturas extremas y vientos fuertes.
El proyecto ha costado más de 3.000 millones de euros y pretende que la mina deje de usar el agua de los ríos y los acuíferos, algo muy importante en una zona donde el agua escasea. Además, esta idea podría alargar la vida útil de la mina al menos 20 años y convertir a Chile en un referente de minería sostenible.
El viaje más loco del agua: del mar a las nubes
El agua comienza su aventura en la costa de Patache, donde la planta desaladora la limpia mediante ósmosis inversa. Después, bombitos de alta potencia la impulsan cuesta arriba, salvando un desnivel de más de 4.000 metros. Es como subir el agua a una altura similar a la mitad del Everest.
Por el camino, las tuberías atraviesan el desierto de Atacama y zonas montañosas donde el viento y el calor castigan el metal. Para que nada falle, han instalado estaciones de bombeo gigantes repartidas a lo largo de los 195 km. El resultado: agua dulce llega al lugar más árido y alto de los Andes.
Por qué este invento salva el norte de Chile
El norte chileno lleva años sufriendo sequía severa. Los ríos bajan poco caudal y los acuíferos están casi vacíos. Si la minería sigue usando ese agua, se la quita a las personas y a la agricultura. Con las tuberías, la mina deja de depender del agua continental y reduce su presión sobre los pueblos cercanos.
Además, el cobre es la principal exportación del país. Si las minas se quedan sin agua, se paralizan y Chile pierde miles de millones. Por eso, invertir en este sistema no solo es ecológico, también es una forma de proteger la economía nacional.
Así se financia un megaproyecto minero
Las empresas privadas han puesto sobre la mesa más de 3.000 millones de euros, una cifra récord en la minería chilena. Con ese dinero han pagado tuberías de acero resistentes a la corrosión, bombas que consumen tanta energía como una ciudad pequeña y un sistema de control que vigila el caudal 24 horas.
La inversión tiene sentido: el cobre seguirá siendo clave para cables, móviles y coches eléctricos durante décadas. Alargar la vida de la mina garantiza ingresos futuros y coloca a Chile como líder en innovación minera. Otros países áridos, como Perú o Australia, ya están estudiando copiar la idea.
