la bomba del almendro: 126.000 hectáreas que van a colapsar el mercado

la bomba del almendro: 126.000 hectáreas que van a colapsar el mercado

  • NeoLynx
  • Abril 17, 2026
  • 2 minutos

Si te acercas a cualquier campo de España y te quedas quieto, oirás un tic tac. No es un reloj, es la bomba de 126.000 hectáreas de almendros que aún no producen, pero cuando lo hagan el mercado ya no podrá con ellas.

Hace diez años todo el agricultor hablaba del almendro: daba el doble de pasta que la naranja y los expertos prometían auge para toda la década. El resultado ha sido un crecimiento del 34 % en superficie y España ya es el segundo productor mundial.

Pero la historia es idéntica a la del limón: precio alto, todos plantan, llega la saturación y el precio se desploma. Las 126.000 ha están a punto de entrar en producción y nadie sabe cómo parar el desastre.

El milagro que se convirtió en trampa

En 2016 un profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha ya avisó: "cada vez que hablo con agricultores solo se habla de almendro". La razón era clara: una hectárea de almendro reportaba el doble que una de cítricos.

Los expertos vaticinaban un futuro dorado: la demanda mundial de almendra subía y subiría. Muchos agricultores se endeudaron creyendo que los precios altos se mantendrían. El efecto llamada fue imparable.

126.000 hectáreas que nadie pidió

Hoy esas plantaciones están ahí, esperando a producir. Cuando lo hagan, caerán sobre un mercado que ya está equilibrado. El resultado será un exceso de oferta brutal que hundirá los precios.

Es la misma película de la crisis del limón: primero el boom, luego la sobreproducción y finalmente la quiebra de los agricultores que no pudieron vender ni cubrir sus deudas.

¿Hay escapatoria o es demasiado tarde?

Parar la máquina es casi imposible. Los árboles ya están plantados y necesitan años para arrancar. Mientras tanto, los bancos reclaman las hipotecas y los agricultores ven cómo su "gallina de oro" se convierte en lastre.

La única salida pasa por buscar nuevos mercados exteriores o transformar el producto antes de que la saturación lo arruine todo. El tiempo se agota y el tic tac sigue sonando.