la babosa que roba la luz: el animal que se alimenta del sol tras absorber cloroplastos de algas

la babosa que roba la luz: el animal que se alimenta del sol tras absorber cloroplastos de algas

  • NeoLynx
  • Abril 17, 2026
  • 3 minutos

imagina un animal que se come una sola ensalada de algas y luego pasa nueve meses sin probar bocado gracias al sol. pues existe: es una babosa marina verde que roba los «paneles solares» de sus presas y se convierte en un ser viviente que funciona a base de luz.

estas babosas, llamadas sacoglossas, perforan las células de las algas y succionan el contenido, pero en lugar de digerirlo todo seleccionan los cloroplastos, las partes que convierten la luz en energía. los introducen intactos dentro de sus propias células y empiezan a fabricar nutrientes como si fueran plantas.

la estrella del grupo es elysia chlorotica, una babosa de color verde intenso que puede completar su vida adulta con una única comida y después vivir solo de la fotosíntesis. los científicos calculan que así aguanta hasta nueve meses sin volver a abrir la boca.

¿cómo roba la babosa los motores solares de las algas?

el truco se llama cleptoplastia: un robo biológico a la carta. tras succionar el interior del alga, la babosa almacena los cloroplastos en compartimentos especiales, los cleptosomas. allí mantiene el ph y la química ideales para que los cloroplastos sigan funcionando sin que el animal se intoxique con los productos secundarios que genera la fotosíntesis.

este sistema es tan delicado que solo un puñado de especies lo ha conseguido. la mayoría de animales rechazan la fotosíntesis porque genera compuestos altamente reactivos que pueden dañar sus células. las sacoglossas, sin embargo, han evolucionado una solución que protege su propio equipo mientras roban el del rival.

¿por qué este superpoder interesa a la ciencia?

comprender cómo una babosa mantiene activos orgánulos ajenos abre puertas a la medicina y la biotecnología. investigadores creen que imitar este mecanismo podría servir para crear levaduras que fabriquen fármacos usando luz o para tratar enfermedades mitocondriales en las que las células no producen suficiente energía.

además, la cleptoplastia apoya la teoría endosimbiótica: la idea de que hace millones de años las células vegetales nacieron cuando un organismo primitivo «tragó» una bacteria fotosintética y la mantuvo como esclava solar. observar el proceso en tiempo real ayuda a reconstruir ese pasado evolutivo.

¿hay más animales que se aprovechan de la luz?

sí, aunque con distintas estrategias. la salamandra moteada, por ejemplo, no roba cloroplastos, pero permite que algas entren en sus huevos. allí las algas fotosintetizan, liberan oxígeno y nutrientes, y los embriones crecen más rápido y con más posibilidades de sobrevivir. este trato simbiótico convierte al único vertebrado conocido que mantiene algas dentro de sus propios tejidos, al menos durante la infancia.

la naturaleza demuestra así que la frontera entre planta y animal es más difusa de lo que parece: basta con un pequeño robo o una negociación para que la luz pase a formar parte de la dieta de cualquier criatura.