
Suiza crea una máquina que convierte CO₂ en combustible para aviones
La ETH Zurich ha presentado un sistema que convierte el CO₂ que respiramos en metanol, un combustible que puede mover aviones sin sumar emisiones. El truco: usar átomos sueltos de indio en vez de partículas grandes, multiplicando la eficiencia y ahorrando energía.
El proceso capta CO₂ de la atmósfera o de chimeneas, lo mezcla con hidrógeno verde y, gracias al catalizador, lo transforma en un líquido que ya sirve de base para plásticos y combustibles. Si la electricidad viene de renovables, la huella de carbono casi desaparece.
Los tests han aguantado temperaturas de 300 °C y presión elevada, un paso clave para que la industria química lo adopte y deje de depender del petróleo.
¿Cómo convierten el CO₂ en gasolina del futuro?
Los científicos han roto el modelo clásico: en vez de juntar montones de metal, trabajan con átomos individuales de indio sobre un soporte. Cada átomo es una mini-fábrica que transforma CO₂ en metanol sin desvíos, reduciendo residuos y aumentando el rendimiento.
Al estar separados, los átomos ofrecen una señal limpia: los investigadores ven exactamente dónde ocurre la reacción y pueden afinar el proceso sin ensayo-error. El resultado es un catalizador más estable y eficiente que los actuales.
¿Por qué el metanol es el nuevo superhéroe verde?
El metanol sirve para fabricar plásticos, solventes y combustibles sintéticos. Sustituye al petróleo en muchas cadenas químicas y, al quemarse, solo libera el CO₂ que ya había sido capturado, cerrando el círculo.
Suiza calcula que, si el hidrógeno proviene de energías limpias, el balance de carbono puede ser prácticamente cero, algo vital para aviones y barcos que aún no pueden usar baterías.
¿Qué falta para llenar el depósito con aire?
El equipo ya ha probado el catalizador en condiciones extremas: 300 °C y presiones altas, similares a las de una planta real. El siguiente paso es escalar el reactor y bajar costes para competir con el diésel convencional.
Los planes pasan por instalar capturadores de CO₂ junto a fábricas o aeropuertos, crear micro-refinerías y vender metanol verde a aerolíneas comprometidas con la neutralidad de carbono. Si todo va bien, en menos de diez años podrías subir a un avión que vuela con el CO₂ que antes echabas al aire.
