
El naranjo más viejo de Sevilla: un árbol del siglo XIV que sigue vivo en el Alcázar
Sevilla llena sus calles, parques y jardines con unos 200 000 árboles, pero solo uno puede presumir de tener más de seis siglos: un naranjo del siglo XIV que vive dentro del Real Alcázar y que puedes visitar comprando entrada.
Este ejemplar, bautizado como el árbol más longevo de la ciudad, comenzó a echar raíces durante el reinado de Pedro I de Castilla (1334-1369). Hoy sigue activo: florece y produce sus naranjas amargas como el primer día, convirtiéndose en un tesoro botánico y patrimonial al alcance de la mano.
El abuelo naranjo que ha visto pasar reyes y turistas
Si paseas por los jardines del Alcázar fíjate en un naranjo retorcido y de porte noble: es el más viejo de Sevilla. Su tronco ha resistido guerras, reformas y oleadas de visitantes. A su lado, un magnolio plantado en 1823 le hace de escolta; ese mismo año nació también el popular plátano de sombra «El abuelo», otro gigante verde que decora la ciudad.
Lo mejor es que el naranjo no es un simple adorno: todavía da fruto. Cada estación cuelga de sus ramas naranjas amargas que se recolectan con mimo para evitar dañar sus copas. El árbol forma parte de los más de 1 000 naranjos que cuidan los jardineros del recinto con técnicas centenarias.
Un regalo con sabor a realeza: la mermelada que viaja hasta Carlos III
Lo más curioso llega cuando terminan la cosecha: unos 30 kg de naranjas salen del Alcázar con destino a la Embajada británica. Allí se convierten en mermelada artesanal que acaba en la mesa del rey Carlos III. La tradición nació de un gesto diplomático del exalcalde Manuel del Valle y se ha repetido desde la época de Isabel II.
El sabor es tan especial que la familia real británica guarda sus tarritos como un gourmet exclusivo. Imagina que un trozo de desayuno londinense lleva el sabor del Alcázar de Sevilla: bastante épico.
¿Cómo ver al árbol más longevo sin perderte?
Entra al Real Alcázar con tu entrada normal y, nada más cruzar los jardines, busca el naranjo más grueso y retorcido; lleva una pequeña placa que lo identifica. No hay prisa: el árbol lleva siglos esperándote. Acércate, toca su tronco y piensa que empezó a crecer cuando en Europa se construían castillos y se desconocía América.
Si vas con amigos, reta a ver quién saca la foto más creativa con él; seguro que consigues un montón de likes contando que has hablado con un vegetal que nació en el siglo XIV. ¡Un plan gratis dentro de una de las visitas imprescindibles de Sevilla!
