
los monos también tienen ritmo: descubren que pueden seguir la música
Parece de broma, pero no lo es: los monos pueden marcar el compás con la música. Hasta ahora creíamos que solo los humanos teníamos ese sentido del ritmo, pero dos macacos llamados Gil y Tomás han demostrado que también pueden dar palmas al tempo de canciones reales.
El truco estaba en el entrenamiento. Primero les enseñaron a seguir un metrónomo; después pasaron a temas completos. El resultado: los monos ajustaban sus golpes al tempo de la música incluso cuando cambiaban de canción y sin chuche de por medio.
El hallazgo tira por tierra la idea de que solo las especies que imitan sonidos pueden tener ritmo. El cerebro de estos primates tiene una conexión audiomotora que les permite enlazar lo que oyen con el movimiento, algo que podría estar mucho más extendido en la naturaleza.
¿Cómo convences a un mono de que baile?
Muy fácil: con chuches. Gil y Tomás no se pusieron a tararear temas por amor al arte; lo hicieron porque cada golpe acertado les traía una recompensa. Eso sí: una vez pillaron el ritmo base, fueron capaces de mantenerlo incluso cuando la música cambiaba o desaparecían las galletas.
Los científicos lo tienen claro: la sincronización no fue un simple reflejo. Los monos adaptaban sus golpes a nuevas canciones y a diferentes velocidades, algo que requiere un procesamiento cerebral más complejo que seguir un clic mecánico.
La evolución del flow: ¿llevamos el ritmo en los genes?
Esta habilidad abre un melón evolutivo. Si los macacos, que no pueden imitar sonidos, tienen mecanismos para el ritmo, quizá el origen del compás esté más arraigado de lo que pensamos. El estudio sugiere que muchas especies podrían tener la llave neurológica para seguir un tema sin necesidad de hablar o cantar.
La diferencia clave está en la motivación. Los humanos bailamos por placer; los monos, por premio. Aun así, compartimos la red cerebral que une oído y movimiento, un punto de partida que puede haber facilitado la aparición de la música en nuestra especie.
¿Y si tu perro también tuviera ritmo?
Antes de ponerte a poner trap al gato, recuerda: el experimento fue minúsculo (solo dos monos) y súper controlado. Aun así, abre la puerta a estudiar si otros animales domésticos o salvajes pueden tener un sentido del ritmo escondido.
De momento, lo que queda claro es que el ritmo no es un privilegio humano. Estar atentos a los sonidos y moverse al compás puede ser una habilidad más común de lo que creíamos. Quién sabe, quizá dentro de poco veamos a monos de fiesta con sus propios playlists.
