¿Por qué el infierno son los demás no es lo que piensas?

¿Por qué el infierno son los demás no es lo que piensas?

  • LunaVortex
  • Abril 15, 2026
  • 3 minutos

Jean‑Paul Sartre escribió en 1944 la obraHuis Clos la famosa frase “el infierno son los demás”. Hoy muchos la entienden como una queja contra la gente, pero el propio filósofo aclaró que se refiere al otro como espejo que distorsiona nuestra autocomprensión.

En la pieza tres personajes quedan atrapados en una sala que representa el infierno, pero sin demonios ni fuego. Cada uno sufre el juicio del resto, y esa condena es lo que Sartre llama “el infierno”. En 1964 Sartre explicó que la frase se ha malinterpretado: no dice que todas las relaciones sean infernales, sino que cuando el juicio de otro está viciado, esa persona se vuelve un infierno para nosotros.

El filósofo usa la metáfora del espejo: nos conocemos a través del conocimiento que los demás tienen de nosotros, no a través de un reflejo puro. Así, la mirada del otro puede ser una “tiranía” que nos juzga como objeto, pero también es clave para construir nuestra identidad.

la frase que todos malinterpretan

Muchos piensan que “el infierno son los demás” es una crítica misantrópica, pero Sartre nunca quiso decir que la gente sea siempre mala. La frase sale del drama Huis Clos, donde tres personajes están atrapados en una habitación que simboliza el infierno.

En el original francés la frase es « L’enfer, c’est les autres ». Desde los años 40 se ha traducido como “el infierno es el otro”, pero incluso esa versión no captura la idea completa del autor.

el verdadero infierno según sartre

Para Sartre, el infierno no tiene fuego ni demonios; es la mirada del otro que nos convierte en objeto de juicio. Cuando los demás nos perciben de forma distorsionada, esa percepción se vuelve nuestro propio tormento.

En 1964 el propio Sartre reclamó que su frase había sido “malinterpretada” y aclaró que solo cuando las relaciones están “viciadas” el otro se vuelve un infierno.

cómo el juicio de los demás moldea tu identidad

El filósofo compara este proceso con un espejo: no vemos nuestro reflejo en el cristal, sino el que nos devuelven los demás. Ese “espejo” influye en nuestra autocomprensión y en cómo nos juzgamos.

Aunque la dependencia del otro puede ser una “tiranía”, también es la base para conocernos a nosotros mismos y ejercer nuestra libertad existencial.