
cómo han cambiado europa y méxico la coca-cola sin tocar su receta secreta
La fórmula de la Coca-Cola sigue bajo llave en Atlanta, pero eso no impide que los gobiernos le cambien el sabor. Europa y México han demostrado que con leyes e impuestos pueden obligar a la marca a modificar sus ingredientes sin necesidad de conocer la receta secreta.
En México el punto de inflexión llegó en 2014 con el llamado impuesto al azúcar. Tan solo un año después las ventas de refrescos bajaron un 6 % y las de agua subieron un 4 %. Ante la caída, la compañía empezó a reducir azúcar de caña y a buscar alternativas más baratas.
Europa optó por restricciones distintas. Hasta 2017 la Unión Europea limitaba con cuotas la producción de isoglucosa, el equivalente al jarabe de maíz americano. Esto obligó a usar más azúcar de remolacha y dio al refresco europeo un sabor distinto al de EE. UU.
El ejemplo más extremo ocurrió en la India de 1977. Una ley de control de divisas obligaba a Coca-Cola a diluir su propiedad extranjera y compartir su fórmula con el Estado. La compañía prefirió abandonar el país antes que revelar su secreto.
El impuesto que hizo cambiar la coca mexicana
El gobierno mexicano apostó por un gravamen de un peso por litro a las bebidas azucaradas. La medida golpeó los bolsillos de los consumidores y las ventas se desplomaron.
Ante la caída, Coca-Cola redujo azúcar de caña y empezó a importar jarabe de maíz de alta fructosa. Ahora el Estado quiere que vuelva al azúcar nacional, que es más barata, y se debate una nueva reforma fiscal.
Por qué la europea sabe distinta
Los que han probado la Coca-Cola en EE. UU. y en España notan el cambio de sabor. La culpa la tiene la regulación del mercado del azúcar. Las cuotas europeas restringieron la isoglucosa y obligaron a usar azúcar de remolacha.
Además, países como Francia o Reino Unido añaden sus propios impuestos a los refrescos, lo que encarece el producto y empuja a versiones con menos azúcar.
Cuando coca-cola prefirió irse antes que contar su secreto
En 1977 la India exigía a las multinacionales que redujeran su participación extranjera y mostraran sus fórmulas. Coca-Cola prefirió abandonar el país antes que revelar su secreto.
La compañía regresó en 1993 cuando las leyes se suavizaron, demostrando que proteger la marca puede ser más importante que mantener la presencia en un mercado enorme.
