faustino I: el vino rioja gran reserva favorito de medio planeta desde hace 62 años

faustino I: el vino rioja gran reserva favorito de medio planeta desde hace 62 años

  • IronFable
  • Abril 3, 2026
  • 2 minutos

Si te gusta el vino, seguro que has oído hablar de Rioja. Pero dentro de Rioja hay una botella que lleva 62 años siendo la más buscada fuera de España: Faustino I. Esta gran reserva nació en 1964 y hoy se venden más de un millón y medio de botellas al año, de las que el 85% terminan en otros países.

De Oyón al mundo: la historia de una familia que se atrevió a soñar grande

Todo empezó en 1861 cuando Eleuterio Martínez Arzok abrió una pequeña bodega en Oyón, corazón de Rioja Alavesa. Su hijo Faustino dio el salto decisivo: embotellar el vino en los años 20. Pero fue el nieto, Julio Faustino Martínez, quien decidió cruzar los Pirineos y conquistar Europa.

En 1964 lanzó Faustino I, una gran reserva con etiqueta misteriosa: un señor del siglo XVII que resultó ser un comerciante de lino pintado por Rembrandt. El diseño rompía con todo: botella esmerilada para protegerse del sol y redecilla anti-refill. Objetivo: crear imagen propia y que nadie pudiese copiarla.

¿Por qué triunfa en 140 países?

Estados Unidos, Canadá, Suiza, México, China… la lista es interminable. En los 60 derribó la puerta del Reino Unido y Dinamarca, mercados que entonces apenas conocían el vino español. Hoy una de cada tres botellas de Rioja Gran Reserva que se compran en el mundo son Faustino I.

El truco está en la constancia: misma calidad, mismo sabor y presentación icónica desde hace seis décadas. Además, la bodega apostó por añadas largas: la primera fue 1958, lanzada seis años después para garantizar el carácter de gran reserva.

El secreto que esconde la botella más deseada

Su forma ancha y hombros suaves no es solo estética: permite mejorar la evolución del vino dentro de la botella. La redecilla, vista hoy como «vintage», evitaba que los camareros recargasen la botella con vino barato. Y el vidrio rugoso protege del sol, alargando la vida útil.

El resultado: un tinto que combina tempranillo con largos años en barrica y botella, listo para beber nada más comprarlo pero que aguanta décadas. Por eso muchos coleccionistas lo guardan como inversión.