
el embalse de alcollarín expulsa al 91% del pez invasor y recupera sus peces autóctonos
El embalse de Alcollarín, en Cáceres, ha pasado de ser un ecosistema colapsado por un pez invasor a convertirse en un ejemplo de recuperación ambiental. Tras eliminar el 91% de la Pseudorasbora parva, una especie asiática que llegó a representar más del 95% de los peces del lugar, el agua extremeña vuelve a acoger a sus habitantes originales: barbos, bogas y cachos.
El pez que casi acaba con todo
La Pseudorasbora parva llegó sin invitación y se instaló con fuerza. Este pequeño pez asiático se reproduce a velocidad de vértigo y desplaza a las especies locales, rompiendo el equilibrio de la cadena alimenticia. En Alcollarín su población creció tanto que se convirtió en la invasión biológica más grave registrada en un embalse europeo.
Los técnicos aprovecharon un vaciado controlado del embalse para retirar toneladas de ejemplares. El resultado: nueve de cada diez invasores desaparecieron, algo nunca conseguido antes a este nivel.
Regreso a casa de los peces extremeños
Una vez limpiado el agua, tocaba devolver la vida. Desde el centro de acuicultura Vegas del Guadiana llegaron los nuevos inquilinos:
- 45 kg de barbos
- 35 kg de bogas
- 3 kg de cachos
Todas ellas son especiesautóctonas de la cuenca del Guadiana, clave para que el ecosistema funcione como antes.
Extremadura da una lección de restauración
La operación ha sido posible gracias a la colaboración entre la Confederación Hidrográfica del Guadiana y la Junta de Extremadura. La ley exige usar solo peces locales y prohibe introducir nuevas especies que puedan convertirse en una amenaza.
Con esta acción, el embalse de Alcollarín pasa de ser un aviso de lo que puede pasar cuando una especie foránea se escapa al control, a un manual de cómo devolver la biodiversidad a un ecosistema acuático.
