
descubren un árbol único en panamá y solo quedan 5 en todo el mundo
En la comarca Ngäbe-Buglé de Panamá los científicos han encontrado un árbol que antes no existía para la ciencia: la Clusia nanophylla. Solo quedan cinco ejemplares vivos y la mayoría desapareció entre 2000 y 2024. Sus hojas son las más pequeñas de todo su género y solo crecen en ese rincón del país. El descubrimiento ha saltado todas las alarmas porque la zona no está protegida y el árbol puede desaparecer antes de que lo estudien a fondo.
¿Por qué la Clusia nanophylla está en la cuerda floja?
La Clusia nanophyllavive exclusivamente en la comarca Ngäbe-Buglé, en el oeste de Panamá. Allí crece en bosques húmedos premontanos, pero la deforestación y la falta de protección oficial han reducido su población a cinco individuos. Cuando los investigadores volvieron en 2024 al mismo lugar donde recolectaron la primera muestra en 2000, la mayoría de los árboles habían desaparecido.
Su nombre viene del griego nanos (enano) y phyllon (hoja), porque sus hojas miden apenas unos pocos milímetros. Esta mini talla la hace única dentro de las más de 320 especies de Clusia que hay en el trópico americano.
Un superviviente con truco bajo el brazo
Aunque aún no se ha comprobado en laboratorio, los expertos creen que la Clusia nanophylla usa la fotosíntesis convencional (C3). Sin embargo, sus parientes más cercanos pueden cambiar al metabolismo CAM, un sistema que abre los poros de la hoja de noche para ahorrar agua. Esta flexibilidad metabólica convierte al género en un tesoro para entender cómo las plantas tropicales se adaptan al cambio climático.
Las flores y frutos con forma de estrella atraen a las aves, que dispersan las semillas cubiertas de un arilo naranja. Es una estrategia inteligente, pero insuficiente cuando desaparece el bosque que rodea al árbol.
¿Qué se puede hacer para salvarlo?
El próximo paso es incluir la Clusia nanophylla en la lista roja de la UICN como en peligro crítico. Esta categoría obligaría a las autoridades panameñas a crear medidas urgentes de conservación, como parques naturales o programas de reforestación con especies locales.
Mientras tanto, los científicos siguen buscando más ejemplares en zonas cercanas y estudiando sus semillas para guardarlas en bancos de germoplasma. La carrera contra el reloj ha empezado: si no se actúa rápido, este árbol recién nombrado podría desaparecer antes de que los adolescentes de hoy lleguen a la universidad.
