
el circuito uzbeko que desafía a la nascar: historia y locura del autódromo de pskent
Imagina una pista ovalada gigante en mitad de Asia Central que parece sacada de un videojuego: ese es el Circuito Internacional de Pskent, a 60 km de Taskent. Construido en la URSS de los 60 como campo de pruebas, sus 6,5 km de asfalto desgastado y sus curvas con peralte brutal lo han convertido en el equivalente uzbeko de la NASCAR.
Allí se mezclan turismos, monoplazas, motos y drifting local bajo un sol que supera los 40 °C y sin grada para espectadores: hay que apretarse contra la valla para ver pasar a los valientes a escasos metros. Además, sus trazados de 402 m de aceleración y el diseño oval ya aparecen en simuladores como Assetto Corsa.
De campo de pruebas soviético a templo del motor extremo
En plena Guerra Fría la Unión Soviética necesitaba un lugar donde probar sus coches militares y de carreras. La solución fue levantar en Uzbekistán un autódromo de 6,5 km con rectas interminables y peraltes que desafían la gravedad. Tras la disolución de la URSS la pista quedó olvidada hasta que los amantes del motor local la rescataron para competiciones clandestinas que acabaron formalizándose en campeonatos regionales de turismos y motocicletas.
Hoy el firme, lleno de baches y grietas, obliga a los pilotos a calcular al milímetro cada frenada. La combinación de asfalto resbaladizo y temperaturas de infierno convierte cada carrera en un episodio de supervivencia sobre ruedas.
Así se vive una carrera sin grada y a 40 °C de calor
A diferencia de los circuitos modernos, aquí no hay grada, ni boxes techados, ni pantallas gigantes. Los aficionados llegan en coches viejos, aparcan al borde de la pista y se suben a los tejones para ver cómo los coches pasan a más de 200 km/h a escasos metros. El ambiente es mezcla de festival y rally raid: música a todo volumen, olor a gasolina y el sol abrasador que obliga a cambiar los neumáticos cada pocos giros.
Las competiciones incluyen carreras de circuito, aceleración en línea de 402 metros y exhibiciones de drifting donde los conductores desafían la física en coches de calle ligeramente preparados. La falta de infraestructuras convierte cada evento en una aventura improvisada que atraite a los más intrépidos de Asia Central.
¿Puede Uzbekistán dar el salto a la Fórmula 1?
El gobierno uzbeko ha anunciado su interés en albergar un Gran Premio de Fórmula 1 como forma de proyectar imagen internacional y atraer turismo. El problema: el coste de construir un circuito homologado por la FIA ronda los 1 000 millones de dólares, cifra astronómica para una economía emergente.
Mientras tanto, Pskent sigue siendo el escenario perfecto para los simuladores y para los pilotos locales que sueñan con dar el salto a categorías internacionales. La leyenda del óvalo uzbeko sigue creciendo, demostrando que no hace falta asfalto nuevo ni graderíos para crear espectáculo puro sobre ruedas.
