
El Chaparro de la Vega, un árbol gigante en Sevilla con 400 años de historia
En la Sierra Sur de Sevilla, hay un árbol impresionante que ha cautivado a todos: el Chaparro de la Vega. Esta encina gigante tiene 400 años de historia y una copa enorme capaz de dar sombra a 2000 personas al mismo tiempo.
El Chaparro de la Vega se encuentra en el municipio de Coripe y ha sido reconocido como Monumento Natural desde el año 2001. Su ubicación estratégica en las Sierras Subéticas, cerca del río Guadalporcún, ha permitido que este árbol alcance un tamaño excepcional.
Con más de 12 metros de altura y un tronco con un perímetro de casi 4 metros, este árbol es un verdadero gigante. Pero lo que más impresiona es su copa, con un diámetro de 28 metros que proyecta una sombra de más de 578 metros cuadrados.
Un árbol con una historia excepcional
El Chaparro de la Vega es una encina (Quercus ilex) que ha sido datada en torno a los 400 años de edad. Su estado de conservación ha sido objeto de estudio y se han detectado desafíos importantes para su supervivencia.
Los expertos han señalado que el árbol destina toda su energía a funciones vitales de desarrollo y defensa, sacrificando la fructificación. Además, prácticas antiguas de sellado de heridas resultaron perjudiciales y actualmente se trabaja en corregir estos daños.
Un motor del turismo sostenible
El Chaparro de la Vega es un centro social y cultural en la zona, acogiendo celebraciones multitudinarias como la Romería de la Virgen de Fátima. Su capacidad para dar cobijo a miles de personas lo convierte en un motor del turismo sostenible y el ecoturismo en la provincia.
El acceso a través de rutas de senderismo y cicloturismo atrae a visitantes que buscan un contacto directo con el patrimonio ambiental andaluz sin alterar el equilibrio del paisaje.
Desafíos y protección
A pesar de su imponente aspecto, los técnicos vigilan de cerca su estado de conservación. Un informe biomecánico y sanitario realizado en 2024 revela desafíos importantes para su supervivencia, como la compactación del suelo y la falta de producción de bellotas.
Los planes de gestión priorizan corregir estos daños y controlar plagas para asegurar que esta encina siga dominando el horizonte sevillano.
