
los castores europeos convierten los ríos en superheroes del carbono
Imagina que unos roedores grandes con cola plana pudieran ayudar a frenar el cambio climático. Pues resulta que los castores europeos están haciendo justo eso: han conseguido que los ríos retenían un 26% más de carbono al año, según un estudio internacional.
Los científicos han estado un año midiendo lo que pasa en un tramo de 800 metros del río Rin en Suiza, donde los castores construyen sus presas desde 2010. Lo que han visto es que ese pedacito de río atrapa casi 98 toneladas de carbono cada año, una barbaridad si lo comparamos con los mismos ríos sin castores.
El truco está en que los animales transforman el cauce rápido en una zona lenta y llena de charcas. El agua se relaja, las hojas y restos vegetales se hunden y el carbono se queda guardado en el barro, la madera y los acuíferos subterráneos en vez de escapar al mar.
Cómo convierten los castores un río en almacén de carbono
El proceso es una pasada. Primero, levantan sus diques con ramas, piedras y barro. Esto frena el agua y hace que la materia orgánica se deposite en el fondo en lugar de seguir la corriente.
Segundo, las zonas inundadas tienen muy poco oxígeno. Ahí la descomposición va más lenta y el carbono se queda atrapado durante años. Los sedimentos bajo las presas pueden guardar entre 1,5 y 8 veces más carbono que los suelos de al lado.
Por último, parte del carbono se infiltra hacia los acuíferos, donde queda guardado de forma estable. Más de la mitad del carbono retenido se escapa por esta vía subterránea.
Verano de emisiones: ¿lo estropea todo?
En verano baja el nivel del agua y los sedimentos se secan un poco. Eso hace que suelten algo más de CO₂, pero la cantidad perdida no compensa ni de lejos el carbono atrapado el resto del año. El balance final sigue siendo claramente positivo.
Los investigadores también descubrieron que sin castores el mismo tramo de río apenas retiene carbono. Se convierte en un simple canal de transporte que lo lleva todo río abajo.
Castores en España: ¿dónde están y cuántos quedan?
En España los castores europeos volvieron a aparecer a principios de los 2000. Aunque no hay un censo oficial, se calcula que hay más de mil ejemplares. Sus núcleos más fuertes están en el río Ebro, pero ya se han extendido a otras cuencas.
Su regreso ha generado discusiones porque pueden inundar cultivos cercanos, aunque los efectos negativos suelen concentrarse en una franja muy estrecha junto al cauce. Ahora, con este dato de que ayudan a frenar el cambio climático, quizá les miramos con otros ojos.
