
Carbón, hormigón y fantasmas: la isla sin coches que Mitsubishi levantó en medio del mar y acabó en Skyfall
A 15 kilómetros de Nagasaki, la isla de Hashima albergó la mayor mina submarina de carbón del mundo. En 1887, Mitsubishi compró el islote y levantó sobre hormigón una ciudad vertical de 5.259 habitantes con hospital, cine y piscina, pero jamás hubo coches. Hoy, sus edificios en ruina atraen a cientos de turistas y sirvieron de base a Javier Bardem en Skyfall.
De roca desnuda a metrópoli minera en solo 50 años
La transformación fue vertiginosa. Primero llegaron los barcos, luego los taladros y, en 1916, el primer bloque de hormigón armado de Japón: un rascacielos de nueve plantas que alojó a cientos de mineros. Entre 1930 y 1960, la isla creció hacia el mar con terraplén y escollera hasta alcanzar 6,3 ha. Se construyeron 30 edificios residenciales, un centro comercial, una escuela y un teatro. La única norma infranqueable: ningún vehículo motorizado podía pisar el espacio reducido del islote.
La ausencia de coches obligó a diseñar pasarelas estrechas y ascensores que subían 50 m en pocos segundos. Los mineros bajaban a los túneles a 1.000 m bajo el nivel del mar, donde la humedad rozaba el 95 % y la temperatura superaba los 30 °C. El carbón extraído alimentó la industrialización japonesa hasta la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción posterior.
Esclavitud, tifones y el éxodo masivo de 1974
Durante la guerra, la producción se sostuvo con prisioneros chinos y trabajadores coreanos. Se estima que 1.300 de ellos fallecieron por hambre, enfermedad o accidentes. Con la crisis del carbón en los 60, Mitsubishi ofreció traslados a tierra firme «por orden de llegada». En apenas un mes, 5.000 personas abandonaron sus casas dejando platos en la mesa y juguetes en los pasillos. El 20 de enero de 1974, un barco recogió al último residente y Hashima quedó sellada al público.
Los tifones siguientes desgarraron fachadas y desplomaron tejados. El 95 % de los edificios quedaron inestables, convirtiendo la isla en un laboratorio de deterioro urbano y en destino de oscuro turismo.
Skyfall, Patrimonio de la Humanidad y el miedo a desaparecer
En 2012, la productora de Bond rodó en Hashima escenas clave de Skyfall, mostrando la base de Raoul Silva. La película disparó la fama internacional y en 2015 la UNESCO declaró el sitio Patrimonio Mundial de la Humanidad como parte de los «Sitios de la Revolución Industrial del Japón». Hoy, visitantes guiados pueden recorrer 250 m de pasarela y observar desde barcos la silueta de hormigón que emerge del mar.
La erosión avanza: cada año caen nuevos trozos de muro. Expertos calculan que, si no se refuerzan los edificios, la isla podría perder su perfil icónico en dos décadas. Mientras tanto, Hashima sigue siendo un símbolo de la ambición humana y su fugacidad, un lugar donde el carbón, el hormigón y los fantasmas conviven a la intemperie.
