
Cámaras trampa revelan que el lince ibérico baña sus presas antes de comer: un comportamiento cultural sin precedentes
Cámaras trampa instaladas en los Montes de Toledo han grabado a varias hembras de lince ibérico sumergiendo sus presas en agua antes de consumirlas, un comportamiento nunca documentado en carnívoros salvajes. El hallazgo, publicado en la revista Ecology, sugiere la existencia de una cultura animal dentro de esta población en peligro de extinción.
El instante en que una lince ibérico decide lavar su cena
Las imágenes muestran a una hembra de Lynx pardinus junto a un abrevadero tras cazar un conejo. En lugar de devorarlo, lo sumerge repetidamente en el agua durante varios minutos. Este ritual, grabado en ocho ocasiones entre 2019 y 2023, involucra a al menos cinco hembras distintas cuyos territorios se solapan en la zona de reintroducción de los Montes de Toledo.
Lo que inicialmente parecía un caso aislado se repitió con ejemplares como Luna y Naia, separadas por tres años pero compartiendo el mismo patrón. Los investigadores descartan que responda a factores ambientales: ni la sequía ni las altas temperaturas correlacionan con los eventos, lo que abre la puerta a explicaciones más complejas.
¿Por qué mojan la comida si el lince odia el agua?
El paradigma se intensifica cuando se sabe que el lince ibérico evita el agua incluso para beber, prefiriendo agua corriente. "Resulta contraintuitivo que un animal que se aleja de los arroyos dedique tiempo a empapar sus presas", explica el equipo de la Estación Biológica de Doñana. Las cámaras trampa revelan que las hembras no solo mojan el conejo: lo exprimen suavemente entre las patas, como si buscaran un punto de humedad exacto.
Una hipótesis apunta a la transición alimentaria de las crías. Las presas húmedas retienen hasta 12 ml de agua, facilitando la digestión de los gazapos de 2-3 meses cuando pasan de la leche a la carne. Sin embargo, solo las hembras con descendencia directa o cercana exhiben este comportamiento, lo que refuerza el carácter cultural del fenómeno.
El secreto que comparten las hembras de la mancha
El análisis genético confirma que las cinco hembras pertenecen al mismo linaje materno. Los científicos hablan de transmisión vertical de conducta: las crías aprenden al observar a sus madres, un mecanismo propio de primates y aves pero raro en felinos. El estudio recoge que una hembra joven, hija de Luna, replicó el baño de presas a los 18 meses, antes de independizarse.
Este descubrimiento posiciona al lince ibérico como uno de los pocos carnívoros con evidencia de cultura animal, reforzando la importancia de conservar no solo individuos sino las dinámicas sociales que podrían perderse en programas de reintroducción. Las cámaras trampa siguen activas: quizá la próxima grabación revele a quién le enseñó Naia este ancestral secreto.
