
apellidos que vienen del Imperio Romano y lo que esconden
Crees que tu apellido es 100 % español, pero muchos nacieron hace más de 2 000 años en el Imperio Romano. Los romanos pasaron seis siglos en la Península Ibérica y dejaron huella incluso en los nombres que hoy usamos. Por ejemplo, el final -ez de Fernández, López o Sánchez significa «hijo de» y viene del latín.
Otro claro es Rossi: directo del latín russus («rojo»), se usa para pelirrojos. En España hay 2 049 personas que lo llevan como primer apellido y 1 222 como segundo.
Los romanos usaban el sistematria nomina: nombre personal (praenomen), nombre del clan (nomen) y apodo que acabó siendo apellido (cognomen). Así nació todo un elenco de apellidos que todavía existen.
Qué significan los apellidos que heredamos de los romanos
Acosta viene del latín y quiere decir «el de la costa». Aquino indica que el antepasado nació en la ciudad italiana de Aquino. Augusto significa «respetable o sagrado» y Aurelio evoca algo «dorado o brillante».
Hay apellidos que describen el pelo: Bianchi («blanco») o Ricci («rizado»). Correa viene de una «tira de cuero» y Costa se refiere a una ladera o ribera. Luca indica origen en la región italiana de la Lucania, muy romana.
De Angelis significa «de los ángeles» y Expósito o Espósito viene del latín ex positus: el niño expuesto o abandonado. Marco nació del praenomen latino Marcus, Roma y Romano indican ciudad o procedencia de Roma, y Romero alude al peregrino que fue a Roma. Villan, por último, significa «de la villa o aldea».
Los apellidos romanos que más se repiten en España
García encabeza el ranking con 1 449 151 personas, pero es de origen prerromano. El primer claro heredado romano es Fernández, con 899 272 personas. Le siguen López (870 541), Martínez (831 584) y Sánchez (817 196), todos con el patronímico latino.
En la segunda «liga» están Gómez (494 848), Martín (477 403), Jiménez (398 281), Hernández (377 022), Ruiz (366 507) y Díaz (347 655). Más abajo aparecen Moreno, Muñoz, Álvarez, Romero, Gutiérrez y Alonso, entre otros muchos que también califican.
Así se construía el nombre de un ciudadano romano
El praenomen era el nombre de pila (como nuestro Juan o Ana) y se abreviaba mucho porque solo había unos cuantos. El nomen indicaba el clan: en «Gaius Julius Caesar», Julius era el nomen y mostraba que pertenecía a la gens Julia. El cognomen empezó como apodo para distinguir a distintas ramas: Caesar podía aludir a una cabeza de pelo rizado o a un bisabuelo conquistador.
Con el tiempo el cognomen se volvió hereditario y acabó convertido en nuestros actuales apellidos. Así que, si te apellidas Romero, Costa o Martínez, llevas en el DNI un resto vivo del Imperio Romano.
