
amoníaco sólido: la energía limpia que podría transformar puertos españoles
El amoníaco sólido se plantea como una solución de energía limpia para los puertos y astilleros españoles, donde la descarbonización del consumo eléctrico es muy difícil.
La idea fue presentada por José Antonio Durango, ingeniero de proyectos, en el 65.º Congreso Internacional de Ingeniería Naval e Industria Marítima en Málaga. El proyecto cuenta con el apoyo de la astillera canaria Astican y de las empresas ATD y Jalvasub.
En lugar de quemarse directamente, el amoníaco sólido actúa como portador de hidrógeno. Se absorbe en sales especiales que retienen hasta el 50 % de su peso y lo liberan de forma controlada cuando el sistema lo necesita, sin riesgos de toxicidad ni necesidad de cadena de frío.
El proceso sigue cuatro etapas: 1) disociación del amoníaco sólido para liberar hidrógeno; 2) el hidrógeno alimenta una pila de combustible que genera electricidad sin combustión; 3) almacenamiento del hidrógeno en materiales sólidos o líquidos orgánicos; 4) recarga del sistema reutilizando el amoníaco agotado.
Esta cadena completa permite generar electricidad sin depender de la red eléctrica convencional, lo que es ideal para puertos con infraestructura insuficiente. Además, la solución está alineada con los objetivos de descarbonización de la UE para el transporte marítimo.
Inicialmente se dirige al sector portuario y a los astilleros, pero a medio plazo podría servir como reserva estratégica de energía, almacenando excedentes renovables y devolviéndolos cuando la demanda lo requiera.
¿por qué el amoníaco sólido es la clave para los puertos?
El amoníaco sólido no necesita cadena de frío ni libera gases tóxicos, lo que permite almacenarlo y transportarlo con facilidad. Su forma sólida elimina los riesgos asociados al amoníaco líquido o gaseoso.
Esta característica reduce drásticamente los costes de infraestructura en puertos y astilleros, donde la conexión a la red eléctrica es cara o complicada.
el proceso de 4 pasos que genera electricidad sin emisiones
Primero, el amoníaco sólido se disocia y libera hidrógeno. Después, el hidrógeno alimenta una pila de combustible que produce electricidad directamente, sin combustión ni emisiones. En la tercera fase, el hidrógeno se almacena en materiales sólidos o líquidos orgánicos. Finalmente, el sistema se recarga reutilizando el amoníaco agotado.
Todo el ciclo es autónomo y no depende de la red eléctrica tradicional, lo que lo hace perfecto para entornos con infraestructura limitada.
más allá del mar: usos futuros del amoníaco sólido
Además de los puertos y astilleros, el proyecto podría servir como reserva estratégica de energía, almacenando excedentes de energía renovable y devolviéndolos cuando la demanda lo requiera.
Esta doble función (generación y almacenamiento) amplía el potencial del amoníaco sólido a otros sectores que necesiten energía limpia y flexible.
