
el adn extraterrestre del asteroide ryugu llegó a la tierra
Imagina que unos científicos abren una cápsula que ha viajado más de 300 millones de kilómetros y, dentro, encuentran los ladrillos genéticos que usamos para construir la vida. Pues eso es justo lo que ha pasado con el asteroide Ryugu: en sus 5,4 gramos de polvo han aparecido las cinco nucleobases del ADN y el ARN.
La misión japonesa Hayabusa2 partió en 2014 con la misión de traer material casi intacto de uno de los cueros más antiguos del Sistema Solar. Ahora sabemos que adenina, guanina, citosina, timina y uracilo están todos juntos en ese polvo, algo que solo se había conseguido ver antes en otro asteroide, Bennu.
¿Significa esto que nacimos en el espacio?
No, no hay alienígenas escondidos en Ryugu. Lo que demuestra el hallazgo es que los ingredientes químicos necesarios para la vida se forman y sobreviven en muchos rincones del Sistema Solar. Los asteroides podrían haber actuado como mensajeros, llevando esas moléculas a la Tierra primitiva.
Los expertos comparan estas rocas con Murchison y Orgueil, dos meteoritos que cayeron en el siglo XX. Las proporciones de cada base varían, porque cada asteroide tuvo su propia historia de temperatura, agua y radiación. El mensaje es claro: la química prebiótica es universal.
La urea, la gran protagonista que pasa desapercibida
Entre todos los compuestos analizados, el más abundante es la urea, la misma molécula que eliminamos en la orina. Para los científicos esto es oro puro, porque la urea puede transformarse en precursores del RNA, el primo químico del ADN.
Esta pista apoya la idea de que la vida pudo empezar con un escenario basado en moléculas sencillas que luego se complicaron. Además, confirma que los procesos que generan estas sustancias ocurren en el espacio profundo, sin necesidad de planetas.
Ryugu y Bennu: dos testimonios de un mismo guion cósmico
Hasta ahora solo se habían encontrado las cinco bases completas en Bennu. Repetir el hallazgo en Ryugu demuestra que no fue suerte: muchos asteroides carbonáceos almacenan este menú molecular. Cada uno tiene sus matices, pero todos comparten el mismo patrón.
Los investigadores avisan de que parte de estas moléculas podrían haberse formado durante el proceso de recogida y análisis. Aun así, la cantidad y variedad dejan claro que el catálogo químico para la vida ya existía mucho antes de que aparecieran los primeros microbios en la Tierra.
