
adiós bidet: la ducha higiénica que arrasa en españa
El bidet se queda fuera. En los nuevos baños españoles apenas hay sitio y la ducha higiénica se ha convertido en el rey. Es un pequeño manguerita con cabezal cromado que se instala junto al inodoro y hace lo mismo que el bidet, pero sin levantarte del váter.
El invento no es nuevo: Japón y Marruecos llevan décadas usándolo. En España, la fiebre empezó en 2023, cuando los pisos nuevos se quedaron en 4-5 m² y el bidet se vio obligado a desaparecer. El truco es simple: un rociador conectado al agua del lavabo o del propio inodoro. Aprietas un botón, limpias sin moverte y listo.
El cambio es ecológico. Cada español gasta unos 16 kg de papel higiénico al año, 2 kg más que la media europea. Con la ducha higiénica se reduce el consumo y se salvan cerca de 16 000 árboles cada año en España.
instalación exprés: en menos de una hora y sin romper azulejos
Los fontaneros aseguran que colocar la ducha higiénica es coser y cantar. No hace falta levantar el suelo ni tocar los azulejos: basta con atornillar el soporte y conectar la manguera al grifo del inodoro o del lavabo. El trabajo suele durar entre 30 y 60 minutos y cuesta entre 80 y 150 €, dependiendo del acabado.
Si quieres pasarte al lado tecnológico, hay inodoros con el rociador integrado, mando a distancia y secado de aire. Todo sin ocupar un centímetro de más.
diseño minimalista que encaja (casi) sin ver
Los nuevos modelos apuestan por líneas finas y metales que combinan con cualquier grifería. «El bidet rompía la armonía visual; la ducha lateral pasa desapercibida», explican los expertos. Además, al no tener desagüe propio evita la acumulación de cal y bacterias, convirtiéndose en la opción más limpia y elegante.
ahorro de papel y dinero: un gesto que suma
Según Aspapel, cada persona usa unos 40 rollos anuales y se tira el 20% sin usar. Con la ducha higiénica se reduce el gasto de papel, se recorta la factura del supermercado y se protegen bosques. El 90% de los pisos nuevos ya prescinden del bidet y reservan ese espacio para almacenaje o una ducha más ancha.
En resumen: menos papel, más árboles y un baño que parece de revista. El futuro del baño español huele a agua fresca y no a cloro.
