
Durante 15 años un matrimonio vivió en una casa dentro de Disneyland sin que ningún visitante se diera cuenta
Durante más de una década, Owen y Dolly Pope compartieron techo con Mickey Mouse sin que nadie lo adivinara: vivían en una auténtica casa dentro de Disneyland California desde 1955 hasta 1970, justo donde hoy se estaciona el Halcón Milenario. Su rutina incluía cuidar caballos, idear espectáculos ecuestres y recibir a los directivos del parque, mientras miles de turistas paseaban a escasos metros sin sospechar que allí se escondía una vivienda real.
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El trato que cambió su vida por un terreno de naranjos
En 1950, Walt Disney asistía a un show hípico en California buscando talento para su futuro parque. Allí conoció a los Pope, una pareja de jinetes profesionales que dominaban la doma clásica y los números de circo. Disney les propuso mudarse a los estudios de Burbank para diseñar los números con caballos y ponis que acompañarían la apertura de Disneyland. Aceptaron, y en 1951 se convirtieron en los únicos civiles autorizados a vivir dentro de los terrenos de la productora, precedidos solo por los militares que ocuparon los estudios durante la Segunda Guerra Mundial.
La recompensa llegó cuando el parque aún era un campo de naranjos en Anaheim. Disney les ofreció construir una casa junto a los futuros establos del área de Big Thunder Ranch. Tres días antes de la gran inauguración de 1955, los Pope cruzaron la puerta de servicio que separaba su hogar de la calle principal, iniciando una convivencia de 5.475 días con los personajes más famosos del planeta.
Una vida de ensueño con horario de oficina
Su día empezaba al amanecer revisando herraduras y ensayando rutinas con yeguas y potros. Owen diseñó más de 200 arneses personalizados que todavía se exhiben en los establos del resort, mientras que Dolly entrenaba a los animales para responder a comandos de voz que los visitantes desconocían. Los directivos acudían a desayunar a su comedor cada semana para analizar la satisfacción del público y ajustar los tiempos de los desfiles.
La pareja no pagaba alojamiento ni servicios, pero tampoco recibía sueldo convencional: su contrato estipulaba un porcentaje de las ganancias de los espectáculos hípicos, lo que convirtió a los Pope en accioneros indirectos del éxito del parque. Cuando Disney decidió replicar la fórmula en Florida, fueron los primeros en ser trasladados para supervisar la construcción de Fort Wilderness Resort, llevándose consigo los planos originales de los establos californianos.
Del anonimato al parking de la Guerra de las Galaxias
La casa, levantada con madera de secuoya y tejado de pizarra, quedó abandonada tras su marcha en 1971. Durante años sirvió como almacén de utilería y lugar de reuniones nocturnas del personal, hasta que la expansión de Star Wars: Galaxy's Edge obligó a desplazarla. En lugar de derribarla, Disney la trasladó piedra por piedra a un terreno cercano fuera de la zona de visitantes, donde ahora funciona como oficina de archivo histórico.
La historia quedó sepultada bajo el asfalto del nuevo estacionamiento temático, pero una placa recuerda el lugar exacto donde los Pope desayunaban huevos revueltos mientras afuera crecía el sueño de Walt. Su legado perdura en cada caballo que participa en los desfiles actuales y en la leyenda urbana de que, si te fijas bien entre los setos de Big Thunder, aún se puede ver el camino de piedras que llevaba a la puerta de la casa que nadie supo que existía.
