
El yate Venus de Steve Jobs: cómo una factura impagada casi cancela el viaje inaugural del superyate de 105 millones
El superyateVenus, diseñado por Steve Jobs durante sus últimos cinco años de vida, estuvo a punto de no zarpar nunca. Una reclamación de tres millones de euros presentada por el diseñador Philippe Starck provocó su retención judicial en el puerto de Ámsterdam. El conflicto surgió tras interpretar de forma distinta el 6 % de comisión acordado sobre el coste final de 105 millones, en lugar del presupuesto inicial de 150 millones.
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Un pacto de confianza que se rompió tras la muerte de Jobs
Jobs y Starck cerraron su acuerdo con un simple apretón de manos: el diseñador recibiría el 6 % del coste total del proyecto. Durante cinco años trabajaron juntos definiendo cada detalle, desde la silueta de 80 metros hasta los siete iMac de 27" que gobiernan el puente. La ausencia de un contrato detallado no parecía necesaria mientras ambos mantenían una relación de absoluta confianza. La muerte de Jobs en octubre de 2011 dejó sin cerrar la cifra definitiva y abrió la puerta al desacuerdo entre los herederos y Starck.
De 150 a 105 millones: el origen del desfase millonario
El presupuesto inicial rondaba los 150 millones de euros, lo que hubiera supuesto una comisión de 9 millones para el diseñador. Sin embargo, el coste final se redujo hasta los 105 millones y los herederos aplicaron el 6 % sobre esa cantidad, abonando unos 6 millones. Starck consideraba que debía cobrar sobre el presupuesto original, generando un diferencial de 3 millones que terminó en los tribunales. La falta de cláusulas escritas convertía el pacto verbal en una disputa interpretable.
Incautación exprés y solución exprés en Ámsterdam
La agencia de cobro contratada por Starck obtuvo rápidamente una orden judicial que bloqueó al Venus en el muelle de Ámsterdam, impidiendo su viaje inaugural. El puerto confirmó la retención por una reclamación de 3 millones y instó a las partes a alcanzar un acuerdo. La presión mediática y la urgencia de liberar el barco propiciaron que, apenas días después, los herederos abonaran una cantidad no revelada. El superyate zarpó sin más declaraciones, dejando la resolución exacta del pago en el más absoluto hermetismo.
