
viajes espaciales más rápidos gracias a motores que no necesitan cohetes
Viajar por el espacio es una pasión, pero también una espera infinita. Un viaje a Marte dura entre seis y nueve meses y, si hablamos de planetas más lejanos, los años se suman sin piedad. Cuanto más dura la travesía, más riesgos: radiación, músculos que se debilitan y cabeza que se agota. Por eso científicos e ingenieros trabajan en motores que corten los tiempos a la mitad sin necesidad de quemar toneladas de combustible.
Los cohetes clásicos sirven para escapar de la Tierra, pero en el vacío son un derroche. La alternativa pasa por tecnologías que parecen de ciencia-ficción: propulsión iónica, motores de plasma, reactores nucleares térmicos y hasta velas que se empujan con la luz del Sol. Algunas ya funcionan en pequeños satélites; otras están en el laboratorio. El objetivo es claro: llegar a Marte en semanas en vez de meses.
¿Qué es la propulsión iónica y por qué va como un boli en el espacio?
Imagina un motor que en lugar de explotar empuja partículas cargadas con electricidad. El empujón es tan suave que no serviría ni para mover un coche, pero en el vacío del espacio puede funcionar meses sin parar. Así la nave va acelerando poco a poco hasta velocidades de vértigo. La sonda Deep Space 1 ya usó este sistema en 1998 y el satélite BepiColombo lo está usando ahora para llegar a Mercurio.
El problema es que la fuerza es minúscula: no podría llevar una nave grande con gente a bordo. Para eso se necesitan motores más potentes y una fuente de energía que no dependa solo de paneles solares.
El motor VASIMR: plasma caliente que puede llevarnos a Marte en 39 días
El VASIMR calienta un gas hasta convertirlo en plasma a millones de grados y lo expulsa con campos magnéticos. El resultado es un empuje mucho mayor que el de los motores iónicos y con mejor consumo que los cohetes químicos. La NASA calcula que un viaje a Marte podría reducirse a 39 días si este motor se alimenta con un reactor nuclear de 200 kW.
La pega actual es la energía: necesita entre 100 y 200 kW eléctricos, más de lo que generan los paneles solares en una nave tripulada. Por eso se están desarrollando reactores nucleares espaciales pequeños y seguros que puedan ir montados en la nave.
Fusión nuclear y velas de luz: cuando la ciencia ficción se hace real
Si conseguimos imitar el interior del Sol obtendríamos millones de veces más energía que con combustible químico. La propulsión por fusión podría acortar el viaje a Marte a dos semanas y abrir la puerta a misiones a Júpiter o Saturno. El inconveniente: todavía no sabemos cómo controlar la fusión de forma estable ni en la Tierra, así que los prototipos están en fase de pruebas.
Mientras tanto, las velas solares ya son una realidad. El proyecto LightSail 2 desplegó una vela del tamaño de un piso y se impulsó solo con los fotones del Sol. Al principio avanza lentísimo, pero al no tener frenos va acumulando velocidad hasta ser más rápida que muchos cohetes. Es ideal para misiones de carga o satélites que no tienen prisa.
