
subida del precio de la ram: la raspberry pi ya no es barata
La Raspberry Pi ya no es lo que era. La memoria RAM que usan estas pequeñas placas ha encarecido su producción y los precios se han disparado por tercera vez en seis meses. El modelo más potente, con 16 GB, ha pasado de costar 120 dólares en enero del año pasado a 299 dólares ahora.
El problema no es solo de Raspberry: todas las placas de un solo ordenador (SBC) sufren el mismo golpe. La memoria LPDDR4 que montan se ha encarecido hasta siete veces en doce meses. El resultado: la Raspberry Pi 4 GB pasa de 60 $ a 110 $ y la de 8 GB sube de 80 $ a 175 $.
[youtube=YSteCo3TTEY]
De 35 $ a casi 300 $ en una década
En 2012 la primera Raspberry Pi se presentó por 35 dólares y todo el mundo la celebró como el ordenador más barato del planeta. Doce años después, la filosofía «low-cost» se tambalea. La entrada de gama, la Raspberry Pi 5 de 1 GB, se mantiene en 45 $, pero cualquier salto de memoria se paga caro.
La compañía justifica los incrementos por el precio de la RAM y advierte que la situación puede empeorar. Mientras tanto, los usuarios que quieren aprender electrónica o montar proyectos caseros ven cómo su presupuesto se dispara.
Las clases de tecnología también sufren
Para los institutos y talleres de robótica el encarecimiento es un quebradero de cabeza. Estropear una placa de 40 $ duele poco; hacerlo con una de 175 $ dispara el miedo a equivocarse y frena la experimentación.
Los centros de países con menos recursos cuentan con estas placas para enseñar programación. Si el precio no baja, muchos profesores tendrán que buscar alternativas o directamente cancelar sus clases prácticas.
¿Hay luz al final del túnel?
El frenazo de la producción de memorias no tiene visos de ceder. La demanda de inteligencia artificial y servidores en la nube absorbe todo el stock de chips y los fabricantes priorizan contratos millonarios frente a los pequeños productores de placas.
Mientras tanto, las marcas más pequeñas de SBC temen desaparecer. Sin el respaldo de un ecosistema grande como el de Raspberry, muchas ya están replanteándose si merece la pena seguir fabricando. La pregunta está en el aire: ¿volveremos a ver placas a precios de chucheta o la fiesta barata se ha acabado para siempre?
