
La planta invasora que está destruyendo la costa española
Hace 130 años, la uña de gato (Carpobrotus edulis) se introdujo en España para controlar las dunas. Esta planta suculenta originaria de Sudáfrica parecía una solución para fijar dunas y taludes, pero se ha convertido en una de las amenazas más agresivas para la flora y fauna de las costas españolas.
La uña de gato se expandió rápidamente debido a la falta de enemigos naturales en el clima mediterráneo y atlántico. Cualquier fragmento de la planta puede echar raíces en pocos días, lo que ha permitido que se propague de manera descontrolada.
Orígenes y propagación
La uña de gato se plantó por primera vez en España a finales del siglo XIX. Los ingenieros la utilizaron para fijar dunas, taludes y vías de tren debido a su capacidad para crecer rápidamente en terrenos arenosos y pobres.
Sin embargo, la planta se escapó de los jardines y obras en cuestión de décadas. Hoy en día, se encuentra en todo el litoral cantábrico, el Mediterráneo y el entorno de Doñana y las playas de Cádiz.
Impacto en la flora y fauna
La uña de gato está causando graves daños a la flora nativa. Sus densas alfombras impiden que la luz solar llegue al suelo y eliminan físicamente las semillas de las plantas autóctonas. Además, almacena sales en sus hojas suculentas, lo que altera el pH del suelo y lo hace hostil para otras especies.
La planta invasora también está afectando a la fauna. Al sustituir la vegetación nativa, desaparecen los refugios de reptiles como el camaleón común en Andalucía o la lagartija balear. Los insectos locales no se alimentan de esta planta exótica, lo que reduce la población de invertebrados y deja sin alimento a las aves costeras.
Retirada y consecuencias económicas
La retirada de la uña de gato no es sencilla. Los ayuntamientos deben arrancarla a mano cada año porque el uso de herbicidas está prohibido en zonas costeras. Esto supone un coste económico constante para las administraciones.
