
el ojo del sahara que asombra a la nasa desde el espacio
Desde el espacio el desierto del Sáhara esconde un ojo gigante que mira al cielo. Se llama Estructura de Richat, pero todos los astronautas la apodan el ojo del Sahara. Es un círculo de casi 50 km de ancho que, si lo pusiéramos sobre Madrid, cubriría toda la capital y varios pueblos de alrededor.
Está en Mauritania, sobre la meseta de Adrar, a 500 m de altitud y en medio de la nada. La ciudad más cercana es Ouadane, fundada en 1147 y Patrimonio de la Humanidad. Desde el suelo apenas se nota, pero cuanto más alto te subes más claro se ve su forma de diana perfecta.
Los pilotos de la Segunda Guerra Mundial ya lo usaban como punto de referición para no perderse. En 1965 los astronautas de la misión Gemini IV lo fotografiaron desde el espacio y desde entonces todos los que van a la Estación Espacial Internacional le hacen una foto.
¿Cómo se formó este ojo de película?
El anillo no es un cráter de meteorito ni un lago seco. Es una burbuja de magma que hace 100 millones de años empujó las capas de roca hacia arriba y se quedó a medio camino. Con el tiempo el viento y el agua fueron pelando la cebolla geológica dejando los círculos que vemos hoy.
Las rocas más viejas del centro tienen 2.500 millones de años, de cuando la Tierra solo tenía bacterias. Las más jóvenes de fuera son del Cretácico. Además, agua caliente circuló por dentro, tallando aún más la forma redonda.
Colores que cuentan una historia de 2.500 millones de años
Cada anillo tiene un color: ocres, grises azulados, blancos y rojos oxidados. Cada tono es una roca distinta y una época distinta. Las más duras resistieron la erosión y formaron el relieve; las blandas desaparecieron. El resultado parece dibujado con compás.
Alrededor del ojo hay un mar de dunas: unas largas y paralelas a la derecha, otras anchas y arqueadas a la izquierda. El contraste entre el círculo perfecto y las dunas movedizas hace que el lugar parezca de otro planeta.
Por qué los astronautas están obsesionados con este punto del mapa
Thomas Pesquet, astronauta francés, dice que es imposible perderse: desde la órbita brilla como un blanco fácil. La NASA tiene decenas de fotos tomadas por diferentes tripulaciones. La más espectacular es del 10 de julio de 2020, hecha con una Nikon D5 y un objetivo de 50 mm durante la misión Expedition 63.
Los científicos siguen estudiando la zona porque sus rocas cuentan cómo era la Tierra antes de los dinosaurios y por qué el magma puede crear formas tan simétricas sin llegar a estallar. Mientras tanto, el ojo del Sahara sigue mirando al cielo esperando la siguiente foto.
