
El océano se ha convertido en un infierno acústico para las ballenas
El océano ya no es el lugar silencioso que solía ser. Bajo la superficie, una constante cacofonía de motores, hélices y cascos de embarcaciones gigantes ha creado una 'niebla acústica' que está asfixiando a la vida marina.
En el Estrecho de Gibraltar, una de las autopistas marítimas más transitadas del planeta, las ballenas piloto están 'gritando' para comunicarse con sus grupos. Sin embargo, su esfuerzo es en vano, ya que apenas logran alcanzar la mitad del nivel de ruido que genera el tráfico marítimo continuo.
El límite fisiológico de las ballenas
La ciencia apunta a la existencia de un límite fisiológico inquebrantable en las laringes de las ballenas que hace que sea imposible que alcen más la 'voz'. Su anatomía vocal está perfectamente adaptada para las profundidades, pero se vuelve ineficaz para competir con las frecuencias y el volumen de los barcos mercantes que van por la superficie.
Por debajo de los 100 metros de profundidad, su capacidad para compensar el ruido ambiental se topa con un muro biológico, ya que el ruido marítimo se enmascara de tal forma que sus vocalizaciones se rompen por completo.
El problema de comportamiento
La evolución ha preparado a las ballenas para lidiar con el ruido natural del océano, pero el ruido humano les es completamente ajeno. Los estudios demostraron que, si bien estos animales saben cómo reaccionar ante amenazas naturales ajustando sus patrones de canto, no tienen el instinto necesario para evadir el ruido antropogénico.
Simplemente no procesan el sonido de un carguero como una amenaza de la que deban huir o a la que deban adaptarse hasta que es demasiado tarde y el final es bastante catastrófico.
El impacto en las ballenas
No se limita a que no se puedan 'hablar' entre ellas, sino que este enmascaramiento sonoro obliga a los animales a abandonar zonas de alimentación ricas por áreas más empobrecidas pero tranquilas. Además, al no poder comunicarse los machos y las hembras a kilómetros de distancia, las tasas de encuentros para reproducirse caen.
