los lagos del río congo sueltan carbono milenario sin parar y nadie lo había contado

los lagos del río congo sueltan carbono milenario sin parar y nadie lo había contado

  • NeoLynx
  • Abril 14, 2026
  • 4 minutos

Imagina que un gigantesco depósito de carbono milenario está justo debajo de los lagos más oscuros del planeta y, de repente, empieza a soltar ese gas a la atmósfera sin que nadie lo hubiera previsto. Pues eso es lo que ocurre ahora mismo en la cuenca del río Congo, donde los científicos han descubierto que los lagos de aguas negras están liberando CO₂ antiguo que creíamos atrapado para siempre.

El lago Mai Ndombe y el lago Tumba, rodeados de bosques pantanosos, son los protagonistas. Su agua, oscura por la descomposición de plantas, suelta hasta un 40% de carbono proveniente de turba acumulada hace miles de años. Con solo el 0,3% de la superficie terrestre, estas turberas congoleñas guardan casi una tercera parte del carbono tropical en forma de material vegetal sin descomponer, unas 100 gigatoneladas.

El problema no acaba aquí: también se emiten metano y óxido nitroso, gases que calientan el planeta todavía más. Si el nivel del agua baja por sequías más largas —algo que el cambio climático puede provocar—, la turba se oxida y libera aún más CO₂. Además, la deforestación para cultivos reduce la humedad y empeora la sequía, creando un círculo vicioso.

¿Por qué ahora se escapa este carbono milenario?

Hasta hace poco, la ciencia daba por hecho que el carbono atrapado en turberas tropicales era inamovible. Sin embargo, mediciones directas en el agua demuestran que parte de ese material antiguo se moviliza y convierte en CO₂ antes de lo esperado. El proceso natural se desata cuando microorganismos descomponen la materia orgánica y el carbono disuelto escapa a la atmósfera.

Los investigadores señalan que este fenómeno no estaba contemplado en los modelos climáticos globales, por lo que las proyecciones de calentamiento podrían quedarse cortas si no se actualizan los datos.

Cómo el nivel del agua decide la bomba de gases

En época de lluvias, el lago cubre más turba y los microbios que consumen metano trabajan a tope, reduciendo emisiones. En cambio, cuando llega la estación seca y el agua baja, el oxígeno entra en la turba, los microbios pierden eficacia y el metano y CO₂ se disparan.

Los científicos advierten que si el cambio climático alarga las sequías, la liberación de estos gases podría crecer de forma exponencial, convirtiendo la región en una fuente aún mayor de gases de efecto invernadero.

Deforestación: el empujón que nadie quería

Talar árboles para convertir el terreno en campos de cultivo no solo quita vegetación que fija CO₂, sino que también reduce la evaporación de agua y la formación de nubes. Esto provoca menos lluvia y mantiene los lagos en niveles más bajos durante más tiempo, acelerando la oxidación de la turba.

La combinación de clima más seco y uso del suelo alterado puede empujar el sistema hacia un punto de quiebre, liberando cantidades ingentes de carbono que llevaría siglos recomponer. Por eso, entender si estamos cerca de ese punto sin retorno es vital para predecir el futuro clima del planeta.