
Jubbah: el oasis saudí de 10.000 años que se ve desde el espacio
Desde la Estación Espacial Internacional se ve un círculo verde en medio del desierto: es Jubbah, un oasis en el norte de Arabia Saudí que lleva 10.000 años acompañando a los humanos. Hoy es un punto de cultivo rodeado de dunas rojizas, pero antes era un lago dulce donde descansaban animales y personas cuando el clima era más húmedo.
El pueblo se asienta en una cuenca seca a 650 km de Riad, protegida por la montaña de dos jorobas Jebel Umm Sinman. Su roca negra frena el viento y evita que la arena entierre el valle. Debajo del suelo aún fluye un acuífero que permite cultivar trigo y dátiles con riego central que crea esos círculos verdes tan característicos desde el espacio.
El lago que se convirtió en desierto
Hace miles de años, la península arábiga no era un mar de arena. Jubbah formaba parte de una red de lagos y manantiales que los científicos llaman "Arabia Verde". El cambio climático fue secando la zona, pero este oasis aguantó gracias a las dunas que filtran el agua hacia el subsuelo, creando un reservorio natural que duró milenios.
Los arqueólogos han encontrado restos de fogones, herramientas de piedra e incluso huellas de elefantes y jirafas que bebían aquí cuando el lugar era un paraje lleno de vida. La cuenca, hoy varios metros por debajo del nivel del desierto, conserva capas de sedimento que cuentan cómo fue transformándose el paisaje.
Arte rupestre con más de mil paneles
Sube a Jebel Umm Sinman y te encontrarás con paredes llenas de grabados: cazadores con arcos, camellos, leones y letras antiguas. En total se han catalogado 1.249 paneles con figuras y 159 yacimientos repartidos en doce colinas. La UNESCO declaró la zona Patrimonio Mundial en 2015 por su valor único.
Las imágenes no son solo arte; son un cómic de 10.000 años de historia que muestra cómo la gud adaptó su vida a un entorno que pasó de ser pradera a desierto. Puedes ver escenas de caza, rituales y símbolos que aún nadie ha descifrado del todo.
Cómo se cultiva en medio del Nefud
El truco está en los pivotes de riego: un pozo en el centro y un brazo metálico que gira como el minutero de un reloj. El brazo lanza agua y fertilizante mientras da vueltas, creando parcelas circulares perfectas que desde el espacio parecen discos verdes sobre la arena.
El desierto de Nefud cubre más de 100.000 km², pero en Jubbah el acuífero subterráneo permite sacar entre 500 y 1.000 litros por minuto. Con esa cantidad se cultivan dátiles, cebada y hortalizas que luego se venden en los mercados de la región, demostrando que es posible sacarle partido incluso al lugar más seco.
