El estrecho de Ormuz: por qué la paz no reparará el daño al gas y petróleo en años

El estrecho de Ormuz: por qué la paz no reparará el daño al gas y petróleo en años

  • ShadowPulse
  • Marzo 28, 2026
  • 3 minutos

El bloqueo del estrecho de Ormuz ha eliminado cerca de 20 millones de barriles diarios, equivalentes al 20 % del consumo mundial, superando el histórico embargo árabe de 1973 que retiró apenas 4,5 millones. Expertos advierten que, aun si se firma un acuerdo de paz mañana, la normalización del flujo petrolero requerirá entre dos y tres meses, mientras que la reparación de la infraestructura dañada llevará años. Las aseguradoras exigirán pruebas de seguridad antes de reactivar los buques, y la escasez de gas y fertilizantes amenaza con agravar la inflación y la seguridad alimentaria global.

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El embudo logístico que paraliza el mercado

Los buques petroleros se han amontonado a ambos lados del estrecho, creando un cuello de botella comparable al de la pandemia. Según el analista Rory Johnston, se necesitarán entre dos y tres meses solo para renormalizar el sistema global, ya que la descarga masiva provocaría colapsos en las terminales y retrasaría la distribución del crudo a los mercados internacionales.

Además, las aseguradoras marítimas no volverán a cubrir los trasatlánticos sin extensas pruebas de seguridad. Exigen meses de inspecciones para garantizar que el paso sea libre de minas y ataques, y mientras tanto impondrán primas que muchas compañías no podrán asumir, lo que retrasa aún más la reactivación del tráfico petrolero en el estrecho.

Daños en infraestructuras clave de gas y petróleo

El ataque con drones iraníes a la planta de exportación de gas natural licuado de Ras Laffan, la mayor del mundo, dejó daños estructurales que requerirán entre tres y cinco años para su completa reparación. Esta paralización afecta directamente al suministro global de GNL, incrementando la dependencia de fuentes alternativas y elevando los precios del gas en los mercados internacionales.

En Arabia Saudí, los cierres temporales de la refinería de Ras Tanura reducen la capacidad de procesamiento y prolongan la escasez de productos derivados. Mientras tanto, Irak ha tenido que cerrar pozos y recortar su producción en un 70 % porque no dispone de puertos para exportar, generando lo que la industria denomina “petróleo encerrado”, cuya reactivación exige semanas de trabajos técnicos complejos.

Impacto económico y alimentario a largo plazo

Los analistas advierten que el encarecimiento sostenido de la energía podría empujar la inflación global a niveles entre el 5 % y el 6 %, erosionando el poder adquisitivo y encareciendo los alimentos y bienes de consumo. Si el conflicto persiste, el precio del crudo podría alcanzar los 200 dólares por barril, una cifra destinada a destruir la demanda y precipitar una recesión profunda.

El estrecho de Ormuz también transporta cerca de un tercio de los fertilizantes mundiales; su interrupción amenaza con una escasez que elevaría los precios de los alimentos y provocaría una crisis alimentaria global. Los países dependientes de estas importaciones enfrentarán cosechas más caras y menores rendimientos, lo que agravará la presión sobre los supermercados durante los próximos años.