
Estambul planea un tren de 125 km que podría unir Europa y Asia y transformar el comercio global
Estambul planea construir el Northern Ring Railway, una tren ferroviario de 125 km que cruzará el Bósforo por el puente Yavuz Sultan Selim y conectará los aeropuertos internacionales de Istanbul y Sabiha Gökçen. Según el Ministerio de Transporte, la obra podrá transportar hasta 33 millones de pasajeros y 30 millones de toneladas de carga al año, convirtiéndose en una pieza clave del comercio global. El proyecto, cuyo coste supera los 8 000 millones de dólares, cuenta con financiación preliminar de 6 750 millones provenientes del Banco Mundial y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Sin embargo, más del 65 % del trazado implica túneles y viaductos en una zona sísmica, lo que eleva los retos técnicos y medioambientales.
El desafío de unir continentes
El Northern Ring Railway busca cerrar la brecha histórica entre Europa y Asia, ofreciendo una alternativa al saturado tráfico por carreteras y al limitado túnel Marmaray. Con una longitud de 125 km, la línea partirá de Halkalı en el lado europeo y llegará a Gebze en el asiático, cruzando el estrecho mediante el puente Yavuz Sultan Selim. Además de pasajeros, el proyecto está diseñado para transportar mercancías pesadas, lo que podría reducir los costos logísticos y acelerar el flujo comercial entre los dos continentes.
Impacto económico y logístico
Según datos oficiales, la infraestructura podrá mover hasta 33 millones de pasajeros y 30 millones de toneladas de carga al año, lo que la posiciona como un nodo estratégico del comercio global. Al conectar directamente los aeropuertos de Estambul y Sabiha Gökçen, se espera una mayor integración multimodal que beneficie a exportadores e importadores. El coste total supera los 8 000 millones de dólares, con 6 750 millones ya comprometidos por organismos internacionales, lo que subraya la confianza en su potencial de generación de valor económico.
Obstáculos técnicos y medioambientales
Más del 65 % del trazado transitará por túneles y viaductos, incluyendo unos 60 km bajo tierra y más de 20 km en estructuras elevadas, en una zona con alta actividad sísmica cerca de la falla del Norte de Anatolia. El proyecto también atraviesa bosques y cuencas hídricas, lo que ha llevado al Banco Mundial a calificar su riesgo ambiental como “sustancial”. Estos factores aumentan la complejidad de la obra y la posibilidad de retrasos y sobrecostes, aunque las autoridades turcas apuntan a iniciar las obras antes de fin de año y a completar el proyecto alrededor de 2032.
