El día que España quiso hacer una película de ciencia ficción como Spielberg y Tarantino la reivindicó

El día que España quiso hacer una película de ciencia ficción como Spielberg y Tarantino la reivindicó

  • ShadowPulse
  • Mayo 17, 2026
  • 2 minutos

En 1985, el cine español intentó hacer una película de ciencia ficción épica llamada 'El caballero del dragón'. El director Fernando Colomo quiso crear una obra maestra con un presupuesto de más de 300 millones de pesetas, un equipo internacional y efectos especiales innovadores.

La película mezclaba el mito de Sant Jordi con 'Encuentros en la tercera fase', fantasía medieval y humor absurdo. Sin embargo, el rodaje fue un desastre: lluvias constantes, retrasos, sobrecostes y problemas con el actor Klaus Kinski.

A pesar de su fracaso en taquilla, la película se convirtió en una obra de culto reivindicada por Quentin Tarantino y restaurada en 4K cuarenta años después de su estreno.

La ambición de Colomo

Fernando Colomo quería hacer una película que compitiera con las de Spielberg, George Lucas o Ridley Scott. Para ello, decidió crear una epopeya medieval de ciencia ficción con extraterrestres, castillos, efectos especiales y estrellas internacionales.

El presupuesto fue de más de 300 millones de pesetas, una cifra disparatada para la época. Se construyeron decorados enormes, se diseñaron maquetas y storyboards poco habituales en España y se experimentó con algunos de los primeros efectos digitales del cine nacional.


El caos del rodaje

El rodaje fue un desastre. Lluvias constantes, retrasos, sobrecostes y problemas con el actor Klaus Kinski, que insultaba constantemente al equipo y exigía más dinero.

El ambiente era insoportable y el equipo intentaba rodar todas las escenas de Kinski antes de la comida para poder almorzar tranquilo sin él.


De fracaso a obra de culto

A pesar de su fracaso en taquilla, la película se convirtió en una obra de culto reivindicada por Quentin Tarantino. Festivales como CutreCon la reivindicaron como obra de culto y la película terminó restaurándose en 4K cuarenta años después de su estreno.

La película se convirtió en una rareza única por su mezcla imposible de géneros, su tono ingenuo y sus ambiciones desproporcionadas.