
Descubre la verdad detrás de los cementerios de coches eléctricos en China y el colapso del car sharing
En China, los llamados cementerios de coches eléctricos aparecen como filas de vehículos inmóviles cubiertos de polvo y musgo, alimentando la idea de que la movilidad eléctrica está fracasando. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: la mayoría de esos automóviles pertenecían a flotas de empresas de car sharing que, impulsadas por generosos subsidios estatales, se expandieron rápidamente entre 2016 y 2019. Cuando la burbuja financiera estalló, muchas de estas compañías declararon bancarrota, dejando cientos de miles de coches sin destino y creando los desolados paisajes que circulan en redes sociales.
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El origen de los cementerios de coches eléctricos
Desde 2009, el gobierno chino destinó cerca de 30.000 millones de dólares en subsidios a la compra y fabricación de vehículos eléctricos, ofreciendo reembolsos de hasta 8.400 dólares por coche. Esta política incentivó a fabricantes y, sobre todo, a empresas de car sharing a adquirir grandes flotas sin una demanda real de usuarios, lo que sembró las bases de los futuros depósitos masivos de vehículos abandonados.
El auge y caída del car sharing eléctrico
Entre 2016 y 2019, cientos de startups de car sharing surgieron, desplegando decenas de miles de coches eléctricos en ciudades de todo el país. La falta de acuerdos para aparcamiento y recarga, sumada a la baja calidad y autonomía limitada de muchos modelos, provocó costes operativos elevados. Cuando los subsidios comenzaron a reducirse y la rentabilidad se volvió insostenible, la mayoría de estas empresas quebraron, dejando sus flotas sin destino.
Lecciones y futuro de la movilidad eléctrica
Los cementerios de vehículos eléctricos son una señal de los riesgos de una expansión impulsada únicamente por incentivos financieros sin una planificación de uso sostenible. La experiencia china subraya la necesidad de combinar subsidios con regulaciones que garanticen la viabilidad operativa y la infraestructura adecuada. Solo así la transición hacia la movilidad eléctrica podrá evitar desechos masivos y consolidarse como una alternativa realmente sostenible.
