
Cómo la ciencia explica que adquiramos gustos por alimentos y bebidas
Alguna vez te has preguntado por qué empezaste a gustarte algo que al principio no soportabas, como la cerveza o el café. La ciencia tiene varias explicaciones para este cambio de gusto.
Resulta que nuestro cerebro está programado para rechazar sabores amargos, ya que pueden ser tóxicos. Esto se debe a la neofobia alimentaria, un mecanismo de defensa que nos hace desconfiar de alimentos nuevos.
Sin embargo, con el tiempo y la exposición repetida, nuestro cerebro puede aprender a disfrutar de ciertos sabores. Esto se debe a que asociamos el alimento con una recompensa, como un chute de energía o una desinhibición social.
¿Por qué rechazamos ciertos alimentos al principio?
Nuestro cerebro está programado para rechazar sabores amargos, ya que pueden ser tóxicos. Esto se debe a la neofobia alimentaria, un mecanismo de defensa que nos hace desconfiar de alimentos nuevos. De hecho, estudios en gemelos han demostrado que esta aversión es altamente heredable, en un 72% durante etapas tempranas.
Pero, ¿por qué algunos alimentos amargos, como el café o la cerveza, pueden volverse agradables con el tiempo? La respuesta está en los mecanismos cerebrales de aprendizaje del sabor y la memoria.
Cómo nuestro cerebro aprende a disfrutar de ciertos sabores
Nuestro cerebro evalúa constantemente las consecuencias post-ingesta de lo que comemos. Si tomamos algo amargo y, en lugar de enfermar o morir, obtenemos un chute de energía o una desinhibición social, el cerebro actualiza su base de datos y apunta a que el riesgo valió la pena.
La exposición repetida también juega un papel importante. La constancia derriba el asco que genera un alimento nuevo. Sin embargo, la exposición visual por sí sola no es suficiente para romper esta 'fobia', sino que el contacto oral repetido es necesario para que el sistema nervioso se adapte y acepte el alimento.
El papel de la sociedad en nuestros gustos
El modelo social es una de las herramientas más importantes para intervenir en nuestros gustos. Ver a los padres disfrutar de un alimento desconocido aumenta significativamente la aceptación en los bebés. Y cuando crecemos, gran parte de los sabores adquiridos se adoptan porque están fuertemente ligados a contextos de socialización y aceptación grupal.
